Carta de Diego Hurtado de Mendoza a Felipe II en la que informa de la crisis política de Génova (1575)

Carta de Diego Hurtado de Mendoza a Felipe II en la que informa de la crisis política de Génova (1575)

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Juan Varo Zafra

U. de Granada

Resumen: «La carta sobre Génova» que Diego Hurtado de Mendoza escribe a Felipe II en los últimos meses de su vida posee un extraordinario interés histórico y político. Desde el punto de vista histórico, el documento es un agudo análisis de la inestabilidad genovesa del último tercio del siglo XVI, a partir de la compleja situación internacional y de la Monarquía Hispánica. Desde el punto de vista político, es una muestra excelente del tacitismo español de siglo XVI y, particularmente, del pensamiento político de Diego Hurtado de Mendoza. La carta posee, finalmente, un interés añadido derivado de las dudas que albergamos respecto de su datación. A pesar de que la copia manuscrita de la Biblioteca Nacional de España está fechada en marzo de 1559, creemos que debió ser escrita mucho más tarde, seguramente en la primera mitad de 1575.

Palabras clave: Diego Hurtado de Mendoza, carta, Felipe II, Maquiavelo, política.

[Juan Varo Zafra, «Carta de Diego Hurtado de Mendoza a Felipe II en la que informa de la crisis política de Génova (1575)», Manuscrt.Cao, nº 14 (2014), ISSN: 1136-3703]

La edición que presentamos de la carta de Diego Hurtado de Mendoza «sobre las alteraciones que hubo en la República de Génova: en marzo de 1559» 1 no tiene como base el manuscrito original sino una copia conservada en la Biblioteca Nacional con la signatura ms. 10459 ff. 85-92. De esta misma copia procede la edición de Foulché-Delbosc de 1911 2 .

La carta posee un extraordinario interés desde diversos puntos de vista: en primer lugar por su contenido político que pone de manifiesto la complejidad del tacitismo de Mendoza; en segundo lugar, por su valor histórico: el documento es un rico análisis de la crítica situación de Génova bajo la presión externa de la Monarquía Hispánica, Francia y el Papado, e interna a cargo de las distintas facciones políticas que pretendían hacerse con el poder de la república. Además, como también haría en Guerra de Granada, Hurtado estudia la situación genovesa en el contexto geopolítico internacional, trazando un amplio mapa de los intereses y conflictos que amenazan a la Monarquía española en esos años. Francia, el Turco, el Papa, Flandes, las repúblicas y señorías italianas interpretan un complicado y violento juego político que convierte los desequilibrios de Génova en un resorte capaz de incendiar la precaria estabilidad mediterránea. La carta posee, finalmente, un interés añadido derivado de las dudas que albergamos respecto de su datación. Los asuntos tratados, la situación y las personas aludidas en ella nos hacen dudar de la fecha que figura en el encabezamiento de la copia manuscrita. Creemos, como tendremos ocasión de exponer en estas páginas, que hay un error en la fecha de la copia y que la carta no pudo haber sido escrita en 1559, sino mucho más tarde, seguramente en la primera mitad de 1575.

Estos puntos de interés exigen de nuestra parte un esfuerzo tanto en la anotación del documento como en este estudio preliminar que abordará, en primer lugar, el examen de la situación de la república y la de Hurtado de Mendoza a finales de la década de 1550 cuando la copia de que disponemos fecha la carta. Seguidamente se expondrán los argumentos que, a la luz del texto, nos llevan a pensar que la carta debió ser escrita décadas más tarde. En último lugar, estudiaremos siquiera brevemente los aspectos políticos y diplomáticos del texto, especialmente aquellos que revelan, como se ha señalado, el tacitismo del autor y sus conexiones con Guerra de Granada.

Ciertamente, la familiaridad de Mendoza con los asuntos de Italia y la interlocución con Felipe II que el texto pone de manifiesto nos invitan a dar por buena la fecha de 1559 frente a otras posteriores cuando la conexión del autor con la política italiana era más remota y la relación con Felipe II se había deteriorado gravemente. A pesar de ello, nos atrevemos a poner en duda esta fecha por las razones que se expondrán más abajo.

Durante los últimos años de la década de 1550, Diego Hurtado de Mendoza, después de su caída en desgracia con el Emperador por la pérdida de Siena en 1552, trataba, por medios diversos, de conseguir un puesto de influencia con Felipe II. En 1557 se ocupa como proveedor en Laredo de la armada que conduciría a Flandes las tropas que vencerían en la batalla de San Quintín. De su buen hacer dan cuenta González Palencia y Mele en el segundo volumen de su Vida y obras de Don Diego Hurtado de Mendoza3 . Poco se sabe de su vida en los años siguientes. Se le sitúa en Bruselas empeñado en dilatar el recientemente abierto proceso de rendición de cuentas de su pasado gobierno de Siena. Mantiene su amistad con Arras y está en buenas relaciones con el poderoso Ruy Gómez de Silva 4 . Quizá por eso acaricia la esperanza de obtener un cargo importante en la corte 5 . Sin embargo, esta aspiración nunca se realizaría. La carta sobre Génova podría entenderse, en primer lugar, en este contexto personal: el deseo de hacerse valer ante el rey mostrando sus conocimientos de los asuntos de Italia, la ciencia política y el género humano que largos años de experiencia política y diplomática y estudio le han proporcionado. Ciertamente, la situación de Génova en 1559, pocos días antes de que se firme con Francia e Inglaterra la paz de Cateau-Cambresis (2 de abril de 1559), ofrecería al antiguo diplomático, que cuenta ya con 54 o 55 años de edad, un escenario idóneo para mostrar la hondura, agudeza y sagacidad de sus conocimientos humanos y políticos.

Por otra parte, la carta debe leerse en el contexto geoestratégico y financiero representado por Génova en el ámbito de los intereses de la Monarquía Hispánica en el Mediterráneo y en Italia, especialmente para la seguridad del Ducado de Milán, como el propio Hurtado recuerda en el texto. Génova y España mantienen, desde 1528, un acuerdo de mutuo interés basado en la lealtad y el apoyo naval y financiero de la primera a España, y la protección y respeto a la libertad republicana genovesa por parte de esta 6 . Mendoza es consciente de esa relación descrita gráficamente en la carta como de marido y mujer.

A mediados del siglo XVI, en el tiempo en que aparece fechado el documento, la República de Génova vive unos años de tensión social y política. El sistema oligárquico consolidado por Andrea Doria en 1528 7 había entrado en crisis en los años cuarenta a causa del enfrentamiento faccioso entre la vieja nobleza y la nueva aristocracia emergente. Los viejos eran un grupo formado por la oligarquía que ya ocupaba el poder antes de la reforma de 1528; los nuevos provenían de familias que habían ostentado cargos en la república antes de esa fecha, pero no como aristócratas, sino como representantes populares. Solo a partir de 1528, pasan a formar parte del orden de los cives nobiles 8 . Estos nuevos nobles pretendían una reforma política que les permitiera acceder al dominio de la república, pero también un cambio de orientación en la economía genovesa y en las relaciones internacionales, especialmente con los Habsburgo. En cuanto a lo primero, los nuevos propugnaban el regreso al comercio marítimo y al expansionismo militar naval como alternativa a la economía financiera; respecto a lo segundo, pretendían liberarse de la relación con España, bien renegociando la alianza en términos más ventajosos, bien pactando con otros estados que pudieran serles más convenientes, tal como se recoge en el Dialogo della Repubblica di Genova de Oberto Foglietta publicado precisamente en 1559 9 . La fractura entre la nobleza vieja y la nueva tiene como fecha referencial el año de 1547, cuando fracasa la revuelta populista y filofrancesa del conde Gian Luigi Fieschi. Doria aprovecha el fracaso de los sediciosos para reforzar el poder de la vieja oligarquía 10 . Frente a los viejos y los nuevos se alzaba una mayoría popular descontenta, excluida del poder y que ansiaba acceder a él. A este conflicto interno se unía la pérdida de Córcega que, después de una cruenta guerra, había quedado bajo dominio de Francia en 1556 (la paz de Cateau-Cambresis devolvería Córcega a los genoveses, dando lugar a nuevos conflictos), la carestía y la crisis motivada por la bancarrota española de 1557, todo ello causante de un fuerte sentimiento antiespañol en la población.

A finales de 1558, Gian Andrea Doria, sobrino y heredero de Andrea, viaja por encargo de este a Bruselas para informar a Felipe II de la amenaza de revueltas en la república y pedir la intervención española en caso de que estas sediciones lleguen a realizarse. Felipe II deniega esta petición de uso de la fuerza y, en carta al embajador español en Génova, Gómez de Figueroa, de 13 de febrero de 1559, recomienda respecto de los genoveses «conservarlos en su libertad a nuestra devoción con buenas obras»   11 , decisión que coincide con el consejo expresado en nuestra carta, por más que esta se escribiera presumiblemente un mes más tarde a tenor siempre de la fecha expresada en la copia manuscrita. Este es, por tanto, el contexto geopolítico de la Génova de 1559 al que podría referirse la carta de Diego Hurtado de Mendoza escrita, siempre según la copia manuscrita, un mes más tarde de la enviada por Felipe II a Gómez de Figueroa.

Sin embargo, algunos datos nos hacen sospechar que la carta tuvo que ser escrita  posteriormente. Si, como se ha visto, la crisis genovesa era grave a finales de los años cincuenta del siglo XVI, mucho peor resultaba el horizonte político de la república hacia los años setenta del siglo. En 1575 estalla finalmente una revuelta popular que no es sino la conclusión inevitable de una escalada de tensiones que arranca de 1573 cuando los nuevos y el pueblo se alían contra los viejos. Recuérdese que en la carta se identifica, en nota al margen, a los nuevos con el pueblo; por el contrario, la alianza entre nuevos y pueblo resultaba más dudosa a finales de los años cincuenta. En el momento en que comienza la rebelión el embajador en la república era Juan de Idíaquez. Este, embajador en Génova desde el 26 de agosto de 1573 (posteriormente sería sustituido por el duque de Gandía), había tratado, por todos los medios, de reconciliar a las facciones genovesas, al tiempo que advertía a la corona española de la amenaza de una posible intervención francesa. En 1575 Enrique III de Francia envía a Génova a Mario Birago y Galeazzo Fregoso que fueron recibidos con entusiasmo por el pueblo genovés. Más aún: Birago ofreció al senado de la república la protección del rey de Francia y municiones y dinero para proteger la libertad de Génova. La actitud francesa despertó, lógicamente, los recelos españoles 12 . Tal era la situación en 1575. La carta se hace justo eco del peligro de la intervención francesa, menciona las promesas de vituallas por parte de los franceses así como el afecto del pueblo a Francia. Por el contrario, la posibilidad de una intervención francesa era poco factible en marzo 1559, a menos de un mes de los acuerdos de Cateau-Cambrésis.

Por otra parte, el miedo a una intervención militar española inquieta en Europa: Francia, el emperador Maximiliano, algunos príncipes italianos y el papa Gregorio XIII se oponen 13 .

Pero, además, la carta se refiere expresamente al duque de Gandía, Juan de Borja, el cual no estaba en Génova en 1559, sino que sería nombrado embajador en la república italiana en 1575. En 1574 los viejos abandonaron Génova y pidieron licencia al rey de España para armar galeras contra los nuevos. Los esfuerzos para devolver la estabilidad a la república resultan infructuosos.

La correspondencia sobre Génova se intensifica a lo largo de marzo de 1575. El rey y Antonio Pérez remiten la información al Consejo de Estado donde se enfrentan el duque de Alba, partidario de apoyar la intervención armada de los viejos, y el Inquisidor General, Gaspar de Quiroga, que rechazaba la solución armada y aconsejaba mantener la libertad de la república 14 . En abril de 1575, El papa envía al Cardenal Morone, claramente alineado con los nuevos, como legado para intentar mediar en el conflicto. Esta legación pontificia es comentada en la carta. Del mismo modo, ella se habla de la intervención turca en Fez, hecho que tuvo lugar también en 1575, cuando los turcos apoyan a ciertos jefes tribales marroquíes para derrocar al sultán de Fez.

Estos datos son los que nos hacen suponer que la carta debió escribirse mucho después de 1559, probablemente a mediados de 1575 (Hurtado de Mendoza muere el 14 de agosto de ese mismo año), en todo caso, después de la muerte del Cardenal Espinosa, interlocutor de Mendoza en la corte en los años de su destierro en Granada, en septiembre de 1572. Tal vez la muerte de Espinosa animara a Mendoza a dirigirse directamente al rey o a este para solicitar su consejo en el asunto de Génova.

Por otra parte, el texto evidencia, como se anunciaba más arriba, un pensamiento tacitista muy acusado, que responde a la tendencia dominante en el último tercio del siglo XVI entre ciertos humanistas vinculados de un modo u otro a Mendoza como Arias Montano, Juan de Verzosa, Antonio Agustín, Jerónimo Zurita o el propio Antonio Pérez 15 . Se trata de un tacitismo que viene a coincidir con el evidenciado en las cartas que Hurtado dirige a Espinosa unos años antes a propósito de la guerra de los moriscos granadinos, resultado de la evolución de la influencia de Maquiavelo que el propio autor había mostrado en su correspondencia y actividad diplomática en Italia. En todo caso, es un tacitismo de signo distinto al que da forma a Guerra de Granada, tal como tuvimos ocasión de estudiar en nuestra monografía sobre la obra 16 . Toda la carta responde al pragmatismo tacitista, dejando al lado, o usándola en su provecho, la tentación providencialista, así como otras cuestiones que pudieran nublar el feroz realismo con el que se analiza el problema genovés. Guerra de Granada, por el contrario, es un relato historiográfico pesimista, que analiza los acontecimientos históricos desde una aguda conciencia de decadencia política y moral tal como Tácito hiciera en sus Annales e Historiae.

El documento hace gala de tacitismo político en su posibilismo, en el recurso de la simulación y disimulación como forma de proceder político, en el valor concedido a la información y, en consecuencia, al espionaje, en la ambigua sacralización del poder que, por una parte, lo absuelve de toda restricción terrenal y, por otra, lo asocia a una serie de pautas morales vinculadas a la voluntad divina (en ese sentido puede verse la reflexión sobre el ministerio divino de Felipe II para asegurar la libertad de Génova), en el psicologismo, en el desdén por el pueblo, y en la defensa de la paz, incluso cuando entraña algún coste no demasiado gravoso.

El tacitismo como doctrina política conectada con el maquiavelismo se detecta incluso en la propia estructura y finalidad de la carta. En efecto, Hurtado de Mendoza elabora en su escrito un relato que, mediante el hilvanado de una serie de informaciones sobre el pasado y el presente de Génova y de un buen número de conjeturas sobre el futuro mezcladas con rumores, sospechas, convicciones, prejuicios y máximas políticas de diversa procedencia, tiene como objetivo la construcción de una opinión con eficacia de verdad. El contenido del documento se esfuerza por discernir lo verdadero de lo aparente y engañoso. Pero la verdad decantada de esta operación de cribado es una verdad contingente en un mundo amenazante y lleno de incertidumbres. El objetivo no es la consecución de la paz o la amistad entre los príncipes, como defienden otros tratadistas, sino el provecho y el honor del superior y del mismo diplomático. Tales son las coordenadas que, en opinión de Maquiavelo, rigen la misión del diplomático y, particularmente, su labor epistolar 17 . Hay también en el escrito notables elementos aristotélicos y polibianos, así, por ejemplo, la consideración deceptiva y naturalista de la transformación, degradación y muerte de los regímenes políticos: Hurtado prevé un final trágico para la república en caso de que no se pueda detener la sedición. Este final implica la descomposición de Génova en el paso de su actual régimen oligárquico a un popular y de ahí al desorden y la tiranía. La difícil lectura maquiavélica de Aristóteles es, como ha observado Herrero de Jáuregui, una de las características de la praxis diplomática de Diego Hurtado de Mendoza: «En este mismo nivel de política práctica, Diego Hurtado de Mendoza desempeña su acción pública desde un aristotelismo que, paradójicamente, tiene en común con el antiaristotélico Maquiavelo la total separación del ámbito divino del de la naturaleza» 18 .

La carta, prolija en digresiones, a ratos confusa, en apariencia enrevesada, avanza, sin embargo, en su argumentación de forma lógica y cuidadosamente estructurada. Conforme a esta estructura, se distinguen tres partes en el documento. En la primera, el autor expone los hechos de Génova, desplegando su examen de lo general a lo particular. Así, de forma sucinta, la carta describe las actuales alteraciones de la república: las facciones representadas por los viejos, los nuevos y el pueblo están enfrentadas por el poder. La causa de este enfrentamiento debe buscarse en la injerencia de otros estados contrarios a Felipe II, principalmente el Papado y Francia, pero también otras repúblicas italianas como Saboya y Florencia. La osadía de los enemigos de España se explica por la complicada escena internacional: conflictos en Flandes y con los turcos y la consiguiente y angustiosa falta de dinero que sufre la Monarquía Hispánica. Una vez descrito el panorama general, el documento examina particularmente cada uno de los peligros detectados, el turco, el protestante, el francés y el pontificio. En su opinión, estos dos últimos, especialmente el Papa, son contra los que debe prevenirse el rey español. Esta primera parte concluye advirtiendo de la necesidad de tomar una resolución en este asunto debido a la posición estratégica de Génova en el mapa de los intereses españoles en Italia.

La segunda parte de la carta presenta y estudia las distintas posibilidades de que dispone Felipe II. Este es un modo de proceder característico de Hurtado de Mendoza desde sus años en Italia. De nuevo, desarrolla su exposición de lo general a lo particular. Comienza señalando que se trata de un conflicto que tiene dos vías de intervención, la militar y la de negociación, dependiendo de la voluntad de conciliación que demuestren los bandos en disputa. A continuación, estudia particularmente cada uno de los grupos en conflicto, sus intereses y opciones. Una vez examinadas las facciones genovesas, el autor presenta las posibilidades de los españoles: se desaconseja mantener a los nuevos, por ser los viejos más fiables y porque si estos se ven desamparados podrían acudir a los franceses, lo que llevaría a la guerra. Pero si el rey se decanta prematuramente por los viejos, podría suceder lo contrario, esto es, que los nuevos y el pueblo buscaran la alianza de los franceses; o bien que se alzara un gobierno popular que daría paso, a su vez, al desorden y a la tiranía; o, en el peor de los casos, que acudieran al Papa. Se trata, por tanto, no solo de encontrar una solución al problema genovés sino, sobre todo, de buscar la ocasión apropiada, en el sentido maquiavélico del término, para su ejecución.

La tercera parte es, naturalmente, el consejo a tenor de todo lo expuesto anteriormente. El autor sugiere mantener la neutralidad española mientras sea posible. Esta neutralidad debe consistir en dar a las partes libertad de actuación, a la espera de determinar por cuál debe decantarse el favor real. Se trata de una neutralidad diligente que debe, por una parte, debilitar a las facciones y, por otra, revestirse de una autoridad aparentemente magnánima que incline los ánimos en favor del rey de España. En cuanto a lo primero, se sugiere debilitar a los viejos, negándoles la posibilidad de armar galeras y advirtiéndoles de los desastres que sobrevendrían en caso de una guerra que afectaría a toda Italia. A los nuevos, por otro lado, se les deslumbrará con la exhibición del poder de España al tiempo que se les persuadirá de que la voluntad de Felipe II es conservar la libertad de la república de Génova y que tal neutralidad deben considerarse una señal de respeto a dicha libertad. Así pues, a los nuevos se les debe persuadir con una mezcla adecuada de miedo, especialmente a que el rey pueda inclinarse por los viejos, y de aparente generosidad. Esta neutralidad activa, como se decía más arriba, debe, para ser efectiva, considerarse respecto de la ocasión, es decir, debe considerarse en función de unos tiempos necesarios de oportunidad. El autor establece el plazo de un año, midiendo detalladamente lo que cumple a cada periodo de dicho plazo. Mientras tanto, se aconseja que se suspendan las provisiones a la república con el fin de debilitar las pretensiones populares con el hambre. La carta termina advirtiendo de nuevo del peligro de la intervención francesa.

Nuestra edición moderniza moderadamente la ortografía del texto y presenta una puntuación muy distinta de la realizada por Foulché-Delbosc, que dejaba dudas de interpretación en muchas partes de la carta. He seguido el uso moderno de mayúsculas y acentos así como los usos ortográficos modernos. He mantenido, como excepciones, las contracciones de la preposición «de» y el uso de «ç». También se respetan todas las vacilaciones propias de la época.

Nuestra propuesta de puntuación se propone ofrecer una lectura más comprensible de un texto de por sí muy oscuro, buen ejemplo del estilo tacitista críptico del autor. No obstante, somos conscientes de que nuestra puntuación no es la única posible y de que pueden postularse otras soluciones igualmente válidas para la lectura cabal del documento.

A SU MAJESTAD
 
Sobre las alteraciones que hubo en la República de Génova
 
1575 19
 
Este movimiento de Génova pareçe naçido de un concurso de muchas voluntades juntas a mover y soliçitar los nuevos 20 , y ellos el pueblo; debió tener origen de Françia, no sin intervención del Papa, por pescar algo a río vuelto 21 ; pues tiene para quién, y este para quién a ningún Papa le falta o por una o por otra vía. De Florencia, por ganar por ventura a Serezava 22 , donde tiene pretensión; de Saboya, por Saona, y por neçesitar a Vuestra Majestad a sacar la guardia de Aste y Santisa, aunque para ello no le faltan fautores en esa corte.
 
Hablar en cosa que tiene el principio tan común con todos en informaçión y notiçia particular del estado en que de presente se hallan las cosas del mundo, especialmente de los príncipes que tienen negoçios en común o pretensiones con Vuestra Majestad, es adivinar a tiento 23 .
 
En este movimiento de Génova han tenido parte muchas voluntades y concurrido consejos de muchos a quien la grandeza de Vuestra Majestad causa temor y a algunos cudiçia, y también que la ocasión ha sido escogida, viendo a Vuestra Majestad apretado entre Holanda y el Turco y la neçesidad de dinero 24 , que es el verdadero aprieto, y éstas son siete verdades.
 
Al propósito pareçe que sería tener noticia si el Turco arma y cuánto, aunque yo siempre he sido de opinión que no armará ni atenderá a más de çebar la gente que tiene en Berbería y juntar otra tanta para la empresa de Fez 25 ; y por esto pareçe más creíble el aviso de las 40 galeras que el de tantas como dicen que se echaron al agua en Constantinopla, aunque 40 para socorro pareçen muchas, y para atreverse a venir parecen pocas; en esta parte me remito a las espías y avisos.
 
El estado en que está lo de Inglaterra, prínçipes de Alemania y las cosas de Flandes, y cómo se entienden unos con otros y con hugonetes 26 en Françia, porque todo sirve a los ginoveses para haber dado prinçipio y de torçedor para servar su propósito, aunque las esperanças que tienen no son de sustançia.
 
Cómo están los negoçios entre el Rey de Françia y los de su reino; en qué pararán los tratados de paz, porque, por lo que se comprende de los avisos, parte ha sido él para mover los ginoveses a esta novedad y façilitar las cosas de su reino o concierto o empresas; echar fuera de casa a sus enemigos, mantenerlos en su serviçio y daño de Vuestra Majestad a costa ajena, bástale para hacer esto hilvanar el conçierto, desmandar gente, prometer vitualla y no cumplirlo.
 
El Papa, para conseguir su pretensión, bástale que el legado 27 calle y se esté quedo; porque o de miedo de Vuestra Majestad, o por persuasión de los nuevos que tiene cabe sí, como son justinianos 28, y un Cardenal Savesti 29 y este embajador y otros hará caer en sus manos o ha de ser a la parte en el conçierto y en la República; adelante es el más peligroso, porque entra con nombre de Religión y santiguando y no se pueden 30 negar las comodidades de vitualla para Génova, que Vuestra Majestad mesmo les dará por no perder las que a Vuestra Majestad le vienen de la Iglesia, y porque de tomarlas sin autoridad se seguirán mayores daños, y porque, en fin, seguro de las armas puede dar y quitar en cierta manera justicia en los negocios.
 
Vuestra Majestad en una guerra con el Turco (que pluguiese a Dios se hallase fuera della, aunque fuese con alguna quiebra); los estados de Flandes revueltos, no mucho dinero, convendríale no ponerse a peligro de empresas nuevas; esto se entiende si fuesen voluntarias, pero el negocio de Génova es empresa forçosa y que tiene de la negoçiaçión y de las armas; forçosa es porque sin Génova no puede Vuestra Majestad mantener sus estados en Italia. Tiene de negoçiaçión porque se trata de conçiertos entre partes, y en la verdad Vuestra Majestad es árbitro. Tiene de armas, porque no se concertando ha de venirse a rotura entre las partes, y a Vuestra Majestad no le puede dejar de tocar o táçita o expresamente por las causas dichas y la necesidad del estado de Milán.
 
El término en que se halla la república por las cartas del embajador pareçe que es resoluta a mantenerse en el estado presente; pero fluctuando en el cómo y desproveída de gente y vitualla, con harto miedo en los cuerdos de caer en manos de Françia, del Papa, de un tirano, si Vuestra Majestad que puede no lo excusa; los nuevos sospechosos del pueblo y que aun para asegurarse de él han de proveerse de gente y vitualla; enemigos de los viejos, con remordimiento de haber ofendido a Vuestra Majestad, procuran tiempo para afirmar su gobierno, para proveerse de vitualla y de armas y favores y ser superiores a su çiudad dentro, y a sus enemigos fuera 31 ; los viejos ofendidos y fuera de sus casas, fuera del estado, procurarán entrar o por negoçiaçión o por fuerça; desesperados de la negoçiaçión, pretenden con resoluçión la fuerça 32 .
 
Y porque a Vuestra Majestad sólo toca esta empresa por razón y por fuerça y es consejo de neçesidad asentar a Génova, hay solos tres términos: o mantener los nuevos afirmándose a ellos y desamparar los viejos, que sería peligroso consejo, porque no se puede prometer dellos verdad o seguridad, y cuando sin hacer contra el deber se pudiese salir con ello sin escándalo, sería la parte más segura; pero los viejos no perderían su pretensión, no quedarían desobligados a Vuestra Majestad, valeríanse de otros prínçipes Francia y Papa y otros en Italia, moveríase la misma guerra; y aunque por mar no se moviese, tenerla hían viva por tierra en cuanto les durase el dinero. Vuestra Majestad en esta parte puede considerar el deber y poder, y si le conviene mantener a éstos, y lo puede hacer seguramente; pero lo que pareçe (dada igualdad), más firmes se han tenido y ternán los viejos cuando sin conçierto los unos o los otros viniesen de tener la República; es decir, que conviene atar bien su dedo según las muestras de inteligençia que han dado en Françia y otras partes y a la afiçión que el pueblo tiene a Francia, y que, en fin, los nuevos tienen su principio del pueblo, y a los unos ya los inclina su naturaleza a Françia, y perderse hían los emolumentos de los viejos porque pareçe que como resolutos piden licencia.
 
De declararse Vuestra Majestad por los viejos sin causa y fuera de tiempo se siguen muy grandes inconvenientes, y entre ellos son tres, uno mayor que el otro: el menor es que se dé la República en la proteçión de Françia como lo han hecho otras veces, y son tiernos a hacerlo porque fáçilmente se conçiertan los que entre sí tienen alguna conformidad; otro, que el pueblo sea superior, introduzga un gobierno nuevo, se haga Vuestra Majestad más sospechoso con ellos, querrán quitar daríos y gabelas, como ellos dicen, piérdanse las rentas, y por esto las fuerças de la República como débiles y cansados se den en manos de un tirano 33 ; otro y mayor que todos, que caigan en las de la Iglesia, porque de las de Françia o del tirano puédese tener esperança, en tiempo y ocasión se saldrá, y de las de la Iglesia nunca por las razones dichas.
 
Queda el tercer término, que aunque es dificultoso de mantener no es tan peligroso, y por ahora puede escogerse teniendo respecto y atençión a lo de adelante, que es el de la neutralidad. Hanse de presuponer dos prinçipios: uno, porque no haya equivocaçión, que sería estar Vuestra Majestad en el término que ahora, porque yo presupongo que la comisión del duque de Gandía 34 es flaca; no es neutralidad, sino parçialidad por los nuevos y mantenerlos en el estado que los viejos, y darles tiempo para que se provean; otro, que las cosas que se pueden negar o disimular no se tienen por ciertas, y así a veces se cubre hombre con pequeñas o insustançiales excusas; otro, que no puede Vuestra Majestad durar mucho con esta neutralidad, porque la neçesidad y el tiempo y las ocasiones le sacarán della contra su voluntad.
 
Llamo yo neutralidad ni dar favor a la una ni a la otra parte y dar libertad a ambas, que es el primer término; tras este se verná al 2º, que es ver por cuál dellas Vuestra Majestad se debe declarar.
 
Entra en este lugar el punto de que al presente se trata, que es si se permitirá a los sujetos que armen y se valgan de sus galeras y hagan la guerra, y se les negará lo uno y lo otro; y cuanto a esto, hanse de considerar los inconvenientes que pueden suçeder; el mayor dellos es tirar una guerra en Italia y mover las armas de valedores, lo que estando ellos resolutos, así como así no se excusa como está dicho, ora se les niegue ora se les conçeda. Sería de opinión (reportándome a mejor juicio con la humildad que debo) que por el presente Vuestra Majestad los entretuviese mostrándoles los inconvinientes y el desasosiego por parte de Italia y por la suya dellos 35 las dificultades de declararse los nuevos de perder la esperança de entrar por 36 negoçiaçión, de las dificultades de entrar por la fuerça, falta el dinero, la gente, los amigos, las ocasiones, piérdense las haciendas y el trato, sin otras incomodidades que trae la guerra de parte de Vuestra Majestad; una sola razón basta: que estando vivo el nombre de la república es contra el deber que Vuestra Majestad se declare a darles la liçençia sin hacer los cumplimientos y preparaçiones convenientes con los nuevos, porque ponerse a darles razón del peligro de sus estados, de la guerra y otros inconvinientes sería desautoridad y fuera de tiempo y del negoçio, y éste es el primer escalón.
 
Otro término se puede tener con los nuevos, que es declararles Vuestra Majestad su voluntad, mostrándoles, como en teatro, su gran Majestad y autoridad como tan prinçipal ministro (cuanto a lo temporal) de Dios en la tierra y ejecutor de su equidad y justicia en pocas, breves y claras palabras 37 ; mandarles decir que, por el servicio y causa de Dios, la pretensión de Vuestra Majestad es que aquella república se mantenga libre y en paz, porque de su desasosiego no vengan escándalos en la Cristiandad y se dé avilanteza a los enemigos comunes della para ofenderla y siga el desasosiego, turbación de la paz de Italia, y por el consiguiente la disolución y ruina, y que para venir a este término es consejo de neçesidad que se conçierten entre sí desapaçionadamente, porque el tiempo no da lugar a más dilaçión de sus diferençias, en manera que el asiento sea durable, del cual Vuestra Majestad, como Ministro de Dios en el mundo y como católico defensor de la Cristiandad y como Prínçipe y Señor en Italia, quiere ser soliçitador y fiador y defensor; que nombren y señalen diputados de conçiençia y libertad los de menos interese 38 de su república por una y otra parte, que traten y resuelvan el negoçio como ella quede libre y paçífica y que Vuestra Majestad le dará favor para que lo puedan terminar y ejecutar, sin entrar en más particularidades y determinarles el tiempo. Vuestra Majestad se halla armado poderosamente, y sus fuerças en ninguna parte que sea más provechosa se pueden emplear 100 galeras, que no hay al presente quien las resista y un ejército de 30.000 infantes, las vituallas de pan y vino y aceite, el trato de seda y mercançías y dinero; las armazones de navíos en su mano si no obedecen, aunque toda la Cristiandad se junte a valerlos no basta contra las fuerças de Vuestra Majestad por el tiempo que estuvieren desocupadas. Hay para con ellos otra consideraçión que importa tanto, y es los celos y temor de que Vuestra Majestad no se junte con los viejos contra ellos, atento que ya se les debe translucir la resoluçión que han tomado y liçençia que han pedido, porque, en fin, son pueblo, y en un consejo pocas veces se guarda secreto 39 , qué será en una Universidad 40 . Esto deben encareçer y publicar los ministros parciales de Vuestra Majestad y sembrarlo en todas partes, y especialmente en el pueblo de Juan Andrea 41 , y otros ternán hombre que lo entonen.
 
Síguese el tiempo que Vuestra Majestad tiene para resolver y poner en ejecuçión su deseño y los ginoveses para determinarse, que es de once meses, de julio hasta junio: julio todo se gasta en estas preparaciones y demandas y respuestas; agosto en los conciertos; mediado él, o el concierto se efectúa y consíguese el intento, o no se efectúa, y en este caso preparado está Vuestra Majestad de todo lo que ha menester.
 
Sería de pareçer que no se les tocase en aperçebir los que no inoven por no mostrar dellos desconfiança si no hubiesen dado la palabra, y así muy expresamente se les debe decir que se mantengan libres sin perjudicar a los viejos ni oprimir ni hacer injuria al pueblo, sin valerse de naçiones forasteras, gente, dinero ni vitualla de otros, sino de Vuestra Majestad porque si lo observan quedará sujeto más hábil para imprimir en ellos lo que se pretende, y si no lo observan quedarán recelosos que Vuestra Majestad los escriba en la memoria, y como general tendrá respecto y será con más moderaçión lo que hicieren, y no pueden vivir por mano de otro, porque, Señor, entre Vuestra Majestad y la República de Génova hay vínculo como entre marido y mujer.
 
Torno a decir que si se conçiertan sobre la licençia que los viejos piden, y si no se conçiertan puédesela Vuestra Majestad negar por no mostrarse tan contrario a los nuevos con las razones que pareçieren mas al propósito y por vía de provisión como cosa que no está en su mano estorbarla; permitirles lo que pretenden por no perder con los unos y los otros autoridad. Pareçe que con solo esto sin otra declaración se contentan; negar que los favorece, porque aunque se haga lo contrario, para la justificaçión el negar basta; pero, por ser materia peligrosa y que podría dar impedimento al negoçio del conçierto, débese tener muy çerrada y secreta con ellos y con todos esta provisión; el tratar dello o no Vuestra Majestad se debe declarar, o lo que debe hacer es de otra consideraçión y tiempo como cosa en que ha de haber dares y tomares si hubiese declaraçión.
 
Bien es proçeder atentadamente en el negar y cerrar las tratas y entretenerlos con esperanças suspendiendo los efectos, porque si se conçiertan se les puede dar de comer, y si no mejor es tener en la mano tomarlos con hambre, o que guerreen con ella; pues guerra con hambre y sin dinero dura poco, especialmente entre pueblo que no se halla que hayan sufrido hambre ni lealtad y firmeza sino rarísimos ejemplos, y esos en los libros.
 
Y porque estos viejos han menester tiempo para proveerse y ejecutar, y podrían cargar a Vuestra Majestad que los entretuvo y ponerle en más obligaçión que por ventura tiene y hacer entretanto la suya, no será razón que Vuestra Majestad los entretenga más de cuanto hasta que el conçierto o se efectúe o se desespere, atento que en el entretanto pueden hacer su provisión de dinero. Si no el tiempo y las ocasiones dirán a Vuestra Majestad si se debe declarar por los unos o por los otros, cuándo, por qué y cómo.
 
Forzoso será resolver u obviar a los inconvenientes, que son muchos y grandes en el negoçio y fuera; cuanto a Francia puede dañar o metiéndose al conçierto o a valer a los nuevos, puesto que tenga por cierto que su inclinación es perturbar y poner a Vuestra Majestad en neçesidad y tener el pie en Italia y especialmente en Génova; Vuestra Majestad la puede mostrar de perturbarle sus conciertos y pretender en sus estados como en los de Vuestra Majestad, atento que él no trata de hacerlos cristianos, sino que permanezcan herejes ellos y los súbditos de Vuestra Majestad. Puédesele dar a entender la voluntad y resolución de Vuestra Majestad, que es que aquella república se mantenga libre y pacífica, y pedirle que ni se meta a la parte ni la impida, porque tampoco los ginoveses le meterán a la parte por no declararse y culparse, y para esto será persona al propósito tan preeminente como el duque de Medina y su ida con brevedad, y a su tiempo que se le puede pedir que no acuda con gente ni vitualla, que aunque tenga la respuesta en la mano de decir que no puede estando su reino como está impedir la gente, mucho va de hacerlo público o por prohibición, porque la deshilada puédese impedir con façilidad, y el cuerpo de gente no sin aventurarse a batalla por la mayor parte. Para esto y los demás inconvenientes, tomo por principios que el atrevimiento determinado, aunque se puede reprimir, no se puede estorbar, que hay inconvenientes que están en mano ajena y forçosos, y en negoçio determinado mal se puede estorbar. Nuestro Señor &.
 
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