“Cuaderno de Nueva York” de José Hierro (II)

Gracias a Tacha Romero, directora de la Fundación José Hierro de Getafe (Madrid), tuve acceso a la carpeta de manuscritos de Cuaderno de Nueva York que allí está guardada. La carpeta contiene una gran cantidad de folios escritos en tinta azul con versiones muy avanzadas de los poemas que luego conformarían el libro, tres dibujos del autor y alguna curiosidad como el poema «Villancico en Central Park», que está decorado con hojas de otoño y dedicado a sus nietas Paula y Tacha. Además de fijarme en una interesante versión del índice1 y en una serie de variantes del final del poema «Rapsodia en blue»2, reparé en un texto cuyo título no conocía: «Me despido definitivamente de Felipe IV (Frik Collection)». Era el primer título dentro de la carpeta que no tenía un par aproximado en el libro; por unos segundos pensé que sería un poema descartado. Al leer los versos que seguían me di cuenta de que en realidad se trataba del texto que en el libro tomó como título «En son de despedida». Casi al final de la carpeta encontré otro manuscrito del poema ya sí titulado como en la edición de 1998. Comparé ambas versiones. Lo que encontré fue una pequeña pero interesante variante que habla de un importante paso semántico en la génesis del poema. Así, parece que la primera  versión del texto refería una despedida más concreta (de un cuadro y de la ciudad que lo custodia); mientras que la segunda versión, más similar a la finalmente editada, poda las localizaciones hasta dar en la forma de un adiós más genérico, una despedida de la poesía y de la vida; nada menos.

Transcribo los dos manuscritos a continuación; llamo MD al titulado «Me despido…» y ED al que se titula «En son de despedida». Después anoto una por una y en   negrita las pequeñas modificaciones (puntuación, orden, alguna palabra) sobre ED del texto que finalmente se publicó (1998). Cotejo según la edición de las Poesías completas (1947-2202) de José Hierro hecha por Miguel García Posada y Julia Uceda3 . Al final describo resumidamente el paso semántico antes mencionado.

Fig.1: Me despido, hoja 1

Me despido – hoja 2

En son de despedida – hoja 1

En son de despedida – hoja 2

En son de despedida – hoja 3

[MD, hoja 1]

Me despido, definitivamente,

de Felipe IV

(Frik (sic) Collection)

…to sleep, to sleep,

perhaps to dream

[subraya la cita]

Hamlet

No vine sólo por decirte

(aunque también) que ya no volveré,

y que no te olvidaré nunca.

Emprendo la tarea (imposible, si es que hay

[algo imposible)

de racionalizar, interpretar, desandar, reconstruir

con los ojos que ciegan,

no con los de la memoria y la nostalgia,

aquellas fábulas y hechizos

que gracias a tí fueron realidad.

Recupero los pasos iniciados a la orilla del Hudson

y culminados en «Kiss Bar» (aunque no estoy

[seguro

donde estuvo el principio y donde el fin).

Estoy cansado, muy cansado.

Don Antonio Machado dijo hace más de medio

[siglo:

«Soy viejo porque tengo más de sesenta años,

que es mucha edad para un español.»

Sin comentarios.

He vivido días radiantes

[MD, hoja 2]

gracias a tí. Entre mis dedos se escurrían

cristalinas las horas, agua pura. Benditas sean.

Fue un tercer grado carcelario:

regresas a la cárcel por la noche,

(por el día –espejismo– te sientes libre, libre, libre)

Nadie pudo, ni puede, ni podrá por [«y» tachado] los siglos de

[los siglos

arrebatarme tanta felicidad.

Yo no he venido sólo –te lo dije–

para decirte adiós; [«y» tachado] no me echarás de menos.

Qué coño puedo (la «o» tacha una «e»)  a tí importarte.

Fui un número, uno más entre los miles

de visitantes, de curiosos, gente de paso,

aunque yo quise serlo todo para ti,

como tú lo eres para mí:

¡ay vanidad de vanidades y todo es vanidad! [subraya la cita]

No te importuno más. Ni siquiera se (sic) si

[me oyes.

Bebo el último whisky en el «Kiss Bar»,

la última margarita en «Santa Fe»,

luego rodeo la ciudad y su muralla de agua [tacha «amurallada por dos ríos»]

en la que ya no queda nada que había sido mío.

Desisto de escalar el muro (además, no podría),

no quiero celebrar la melancólica liturgia

[de la despedida.

Sólo deseo ya dormir, dormir,

tal vez soñar… [subraya la cita traducida]

15 oct. Sobre el Mediterraneo [sin tilde], hacia

Milán.

[ED, hoja 1]

En son de despedida [subrayado]

No vine sólo por decirte

(aunque también) que no [«no» sobre «ya» tachado] regresaré,

que no podré olvidarte nunca.

Emprendo [sobre «Inicio» tachado] la tarea

(imposible, si es que algo hay imposible)

de racionalizar, interpretar, reconstruir y desandar

aquellas fábulas y [«sus» tachado] hechizos

que gracias a tí fueron realidad.

Recupero los pasos iniciados a la orilla

[del río

y que finalizaban [encima] [«y que culminaban» tachado] en «Kiss Bar» (aunque no es-

[toy seguro

dónde estaba el principio y dónde el fin).

Estoy cansado, muy cansado.

Don Antonio Machado dijo hace más de

[medio siglo:

«Soy viejo porque tengo más de sesenta años,

[ED, hoja 2]

que es mucha edad para un español.»

Sin comentarios.

He vivido días radiantes

gracias a ti. Entre mis dedos se escurrían

cristalinas las horas, agua pura, benditas sean.

Fue un tercer grado carcelario:

regresas a la cárcel por la noche,

por el día –espejismo– te sientes libre, libre, libre.

Nadie pudo, ni puede, ni podrá por los siglos

[de los siglos

arrebatarme tanta felicidad.

Yo no he venido sólo, te lo dije,

para decirte adiós. No me echarás de menos [«menos» tachado]

[menos.

Y eso que yo soñaba [encima]

[«aunque yo soñé» tachado] ser todo para ti

como tú lo eres  todo [arriba] para mí.

¡ay vanidad de vanidades y todo es vanidad!

No te importuno más. (Ni siquiera

[se (sic) si me escuchas [sobre  «oyes» tachado]

Bebo el último whisky en el «Kiss Bar»

[ED, hoja 3]

la última margarita en «Santa Fe»;

luego rodeo la ciudad y su muralla de agua

en la que ya no queda nada que fue mío.

Desisto de adentrarme en su recinto

no tengo fuerzas para celebrar

la melancólica liturgia de la separación.

Sólo deseo ya dormir, dormir,

tal vez soñar…

v 2 (aunque también) que no volveré nunca,

v 3 y que nunca podré olvidarte.

v 10 y que desembocaban en «Kiss Bar» (aunque no estoy seguro

v 16 (Sin comentarios.)

v 19 cristalinas las horas, agua pura. Benditas sean.

v 25 Yo no he venido - te lo dije - para

v 26 decirte adiós. Sé que no me echarás de menos,

v 27 y eso que yo soñaba ser todo para ti

v 30 No te importuno más (ni siquiera sé si me escuchas).

v 31 Bebo el último whisky en el «Kiss Bar»,

v 32 la última margarita en «Santa Fe»,

v 33 rodeo luego la ciudad y su muralla de agua

v 35 Desisto de adentrarme en su recinto,

v 38 Sólo deseo ya dormir, dormir,

v 39 tal vez soñar…

Aunque el manuscrito ED carece de fecha que comparar con la de MD, su similitud con el texto publicado en 1998, del que apenas se distingue por un par de palabras y retoques de puntuación (vid. supra); nos hace pensar que se trata de una versión más definitiva. No obstante, la dirección del cambio, de MD a ED, no sólo se infiere por la similitud con la edición que el autor decidió sancionar; sino, como dije al principio del artículo, por el paso semántico que ocurre entre uno y otro manuscrito. Así, el cambio de título y la supresión de cinco versos completos nos dan la clave de un proceso de reescritura fundamental para la resolución de este poema que dice adiós no sólo al libro de Cuaderno de Nueva York, sino a una obra poética y a una vida que, como la de José Hierro, estuvo determinada por su pasión por la vida y la poesía.

Porque el poema es, claramente, una despedida. Narra un paseo por ciertos paisajes (el río) y locales (Kiss Bar) familiares a alguien que es consciente de estar abandonando para siempre la ciudad que los alberga. Los pasos del sujeto le llevan por un espacio físico que va convirtiéndose instantáneamente en recuerdo; pero la nostalgia alcanza cotas altas en el momento en que ciertas palabras («nunca», «no») se repiten y una cita de Machado sobre la vejez de los españoles desubica al paseante. La mención de la edad junto con la insistencia en la imposibilidad de retornar a un lugar que existirá siempre inevitablemente hace que la despedida amplifique su alcance por referencia, innombrada, a la muerte. La sombra de la muerte planea sobre las dos versiones del poema, pero en la decisión sobre los objetos que habrán de aparecer dentro del texto (un cuadro, un museo, una ciudad) varía la intensidad de esta presencia.

El título de MD describe un acontecimiento bien localizado: la última vista a un cuadro4 de la colección Frick, cuyo museo se encuentra en la ciudad de Nueva York. Las coordenadas quedan definidas por este título, de modo que la segunda persona utilizada en los versos que siguen  parece remitir al Felipe IV pintado por Velázquez en 1644; si bien esta segunda persona necesariamente se desplaza hacia algo otro según continúa el paseo, tal y como dejan ver expresiones un tanto difíciles de ligar con la visión del Felipe IV: «He vivido días radiantes / gracias a ti» Puede que en la contemplación del cuadro comience «la melancólica liturgia de la despedida» de al menos una ciudad; y puede que, por tanto, sea en el cuadro donde se personifique el diálogo de todo el poema; pero el riesgo de reducción de todo el proceso de despedida a un único objeto motiva tal vez la decisión de un cambio. José Hierro decide borrar las huellas de este comienzo de visión que Felipe IV desencadena. Cambia el título por uno más abstracto («En son de despedida») y borra los tres versos de MD que más nítidamente enclavaban objeto contemplado y sujeto de la contemplación: «Qué coño puedo a ti importarte. / Fui un número, uno más entre los miles / de visitantes, de curiosos, gente de paso»5. Quedan, así, oscurecidos el antes y el después, la causa y la consecuencia, el motivo y el tema, el porqué y el cómo del poema. Gana el poema en ambigüedad, en amplitud, en resonancia.


  1. Cfr. mi «El esqueleto de un índice. Algunos apuntes sobre los manuscritos de Cuaderno de Nueva York de José Hierro (II)» (en prensa). []
  2. Cfr. mi «Cuatro versiones de un final. Algunos apuntes sobre los manuscritos…(III)» (en prensa). []
  3. Madrid: Visor, 2009; pp. 683-4. []
  4. Se trata del Retrato de Felipe IV en Fraga pintado por Diego Velázquez en 1644. []
  5. Por cierto que el cuadro de Velázquez, aunque finalmente no apareció en el texto que estamos trabajando, sí asomó entre los versos de «Rapsodia en blue»: «en la milla de los Museos, / Felipe IV, de salmón y plata, / escucha a ese chismoso de Montesquiou-Charlus / –huésped también del Frick– / cotillear … » (Poesías completas…, op. cit.; p.619). []

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