Cuestionario: Ana Gorría

Cuestionario: Ana Gorría

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— ¿Escribe a mano o a ordenador? ¿Cuándo? ¿Por qué?

No abordo la escritura poética como algo rutinario. Sino como un acontecimiento. En consecuencia, a la hora de documentar mi labor, que la asumo ante todo más como un gesto verbal que como una forma de escritura, y parto de apuntes, intuiciones que habitan la memoria y la desarrollo a través de, aquí ya sí que aparece la idea del taller, una atención específica al propio decir. Escribo a ordenador habitualmente, a partir de apuntes.

— ¿Guarda una rutina diaria de trabajo? ¿Cuándo escribe? ¿Dónde? ¿Tiene un horario para escribir?

Mi relación con la escritura poética no admite entenderla como una profesión. En consecuencia, la poesía aparece y yo la sigo hasta donde me quiera llevar. Habitualmente, el ritmo aparece en el pensamiento, me asalta y yo procuro conservar esos timbres para desarrollar pequeñas articulaciones de sentido: los poemas. Puedo pasar meses y he pasado años sin escribir un poema. Y he seguido siendo feliz. Creo que en ese espacio no rutinario, la poesía encuentra poder. En su no necesariedad.

— ¿Cuál es su soporte preferido para escribir a mano? ¿Acostumbra a usar cuadernos, folios, pizarras, hojas sueltas, post it, etc.?

Me gusta escribir en folios en blanco. A veces uso pos-it. Otras apunto versos en cuadernos. He llegado a mandarme sms a mí misma a través del móvil con una intuición. Para no perderla.

— ¿Qué ocurre con sus manuscritos una vez finalizados? ¿Los conserva, los tira, los olvida?

Hasta ahora todos mis manuscritos han desaparecido. No vivo en un entorno que dé mucho valor a la escritura poética y yo soy bastante descuidada, o lo he sido. De hecho, en la actualidad no conservo (que yo sepa) ejemplares de mi primer libro (cosa de la que he aprendido).

Creo que a partir de ahora seré más cuidadosa con mis escrituras, pero, por lo general tiendo a olvidarlos. Me produce mucho alivio liberarme de la tensión creativa a través de su publicación. Es decir, a través de la entrega al otro en el que, consciente o inconscientemente, delego la responsabilidad de abrigar la energía poética que he entregado. De ahí, la importancia del objeto. Es decir, la consideración de la cristalización del gesto verbal en una escritura que supone un don.

— ¿Qué instrumento utiliza para la escritura manuscrita? ¿Lápices, bolígrafos, plumas…?

Me gusta escribir a mano con un boli pilot V7. No me gustan los bolis de punta fina y me siento muy cómoda, a lo mejor es por mi hipermetropía, con ese grosor de trazo.

— ¿Planifica con anterioridad lo que va a escribir? ¿Qué soporte utiliza para ello?

No planifico con anterioridad la escritura, pero sí tengo costumbre de trabajar poéticamente en dos niveles. Uno, conceptual, que responde a una trabazón de sentido y que respondería a una cuestión de arquitectura semántica. En función de esa arquitectura, procedo a dejarme llevar y a exponerme al mundo en función del que organizo mis conflictos.  En ese diálogo entre el proyecto y el proceso acontece mi escritura.

— ¿Cómo corrige los textos? ¿Hace las correcciones a mano? ¿Por qué?

Soy una persona que corrige los textos hasta el infinito. No suelo hacer las correcciones a mano, ya que los procesos críticos suceden especialmente en relación a la proyección pública de estos. En mi libro Araña los editores, que fueron conociendo progresivamente la factura del libro, llegaron a manejar hasta treinta versiones distintas. En el resto de poemas, he corregido y he cambiado a partir de traducciones o lecturas.

Por ejemplo, una traducción del poeta norteamericano Forrest Gander me hizo meditar  el título de un poema  Corazón que cambié por Entraña cuando este, por ejemplo, ya había sido traducido al eslovaco como Corazón. En otro caso, los procesos críticos se han activado a partir de la lectura pública, como es el caso del verso “sucede al tiritar bajo la voz” que he decidido cambiar por “sucede al tiritar contra la voz”, dado  que creo que se adecua más a mi intención.

— ¿Lee sus textos en voz alta?

Me gusta leer mis textos (y los ajenos) en voz alta. Me temo que la poesía solo se puede desplegar en ese espacio sonoro. No los leo para mí sino, de alguna manera, contra mí.

— ¿Hace trabajos de investigación y documentación para escribir sus textos? ¿Dónde los recoge?

Dado que la escritura poética es tanto para mi acontecimiento como proyecto, sí tiendo a trabar un concepto que module, arquitectónicamente, el  macro sentido que habito. Pero en general, más que documentación es la aceptación que permite que otros espacios de mi vida invadan mi poesía: mi visionado de películas, mi relación con la música o con la literatura. Me gusta que los textos puedan funcionar en distintos niveles de lectura, que no resulten excluyentes. Mi confianza en que la poesía es una razón tan rigurosa como cualquier otro código de pensamiento, entendida esta como la organización de la emoción.

— ¿Qué papel juegan las editoriales y los editores en su labor de escritor?

Mi relación con las editoriales parte del juego, a excepción de la primera, Plurabelle, a la que llegué a través de un certamen muy humilde. Mis editoriales Cuadro de Tiza, El gaviero y Sol y sombra han llegado a través de espacios que tienen que ver con placenteras prácticas de socialización. Accedí a la editorial Cuadro de Tiza a través del conocimiento de la poeta Nadia Prado en el festival de poesía de Rosario. Ella consideró que mi escritura debía estar modestamente representada en Chile y así las fabulosas editoras de Cuadro de tiza (Julieta Marchant, Alexia Catarazos y Luz Astudillo) se pusieron en contacto conmigo y publicaron la plaquette.

Al gaviero ediciones  y a Sol y sombra accedí a través de esos maravillosos órganos de expresión que son las revista poéticas, en este caso Salamandria y Anémona. Ambas editoriales partieron de revistas en las que ya participaba y me invitaron a unirme a su catálogo.  Tanto Ana Santos Payán, la responsable de El gaviero ediciones como Alba Pascual y Noé Ortega son verdaderos activistas de la palabra viva. Estoy profundamente agradecida a su labor tanto como autora como lectora.

Considero que las editoriales consiguen distribuir, es decir, hacer accesible a un lector amplio una textualidad difícilmente asible de otra manera. No obstante, en tanto que gesto verbal mi escritura poética puede vivir en bitácoras (fungibles) o en prácticas poéticas como lectura pública sin que eso me genere ningún problema. Asumo el libro como un objeto, en consecuencia, y no como un documento. De hecho mis últimos editores me hicieron el gran regalo de crear un objeto personal y manual montado con sus manos en su caso y que yo numeré de manera artesanal también.

— ¿Cree que los medios y la forma de escribir que emplea influyen en sus textos? ¿Cómo?

En tanto en cuanto la mayoría de las veces desarrollo la escritura del poema en un archivo de Word me resulta complicado ir más allá de lo que la disposición óptica puede abarcar. No obstante, he escrito textos poéticos como un envío para Roger Santívañez en el que la disposición de la textualidad supera esa unidad mínima de atención que es para mí la página.  Un esfuerzo que es un reto poético que ayuda a conformar parte de lo lúdico que, para mí, es el núcleo de la escritura poética. De hecho, solo cuando veo en garamond 12 un poema me parece que lo es.

— ¿Han variado sus técnicas para escribir con el paso del tiempo? ¿Han influido los avances tecnológicos en ello?

Cuando era más jovencita, tal vez había mayor intención a la hora de hacer un poema. Ahora los moldeo de otra manera, espero a que llegue el material intuitivo y en función de eso realizo el poema en alguna de sus posibles versiones. No creo que los avances tecnológicos hayan influido de manera especial en mi escritura dado que yo siempre he convivido con las nuevas tecnologías. Eso sí, agradezco a internet, como protocolo de información, que me haya posibilitado la apertura a mundos literarios y poéticos a los que no hubiera podido acceder de otra manera.

— ¿Cuál cree que es el futuro de la cultura escrita? ¿Cree que cambiarán los modos de escribir?

Aventurar una respuesta firme a una pregunta de este calibre sería concederme a mí misma poderes ultra terrenales que no poseo. No obstante, creo que, al menos a nivel poético, lo que han variado son las formas de relación y de adquisición de la cultura escrita dado que gracias a internet puedo tener relaciones firmes de amistad con amigos creadores peruanos, chilenos, guatemaltecos, dominicanos sin que la distancia física suponga un obstáculo para el diálogo.

Ahora bien, hay otras formas de distancia que tal vez los nuevos medios no consigan romper y requieran, de nuevo, la implicación de nuestras emociones y de la razón. No creo que cambien demasiado las formas de escribir ya que, al menos la escritura poética siempre responde a un gesto verbal que puede ser documentado o no. La importancia del trazo en poesía me parece un estímulo fundamental.

— ¿Acostumbra a leer en formatos digitales como el libro electrónico o la pantalla del ordenador?

Leo con gusto libros en formato electrónico, especialmente de narrativa o ensayo. De la poesía disfruto a través del libro ya que como he dicho, contemplo el libro de poesía como un objeto de la misma manera que, para disfrutar de lo dramático prefiero asistir al teatro.  No obstante que haya poemas en red me parece fabuloso para abrir mundo. He conocido muchos poetas en red y yo de hecho procuro compartir a través de este espacio lo que disfruto como lectora.

— ¿Cree que los nuevos métodos de lectura alteran de algún modo el tipo de lectura en sí misma?

Bueno, no sé cuáles son los nuevos métodos de lectura. Pero tal vez, la lectura en pantalla haga más fungible el material al mismo tiempo que posibilite menos filtros para la circulación, con todo lo bueno y lo malo que esto acarrea. Con el modelo ideal de la autonomía personal, considero que los nuevos métodos de lectura y las prácticas poéticas solo deberían poder acarrear lectores emancipados que complementen la labor de los modos de producción de las industrias culturales en materias que necesitan tanta protección como la fijación de textos o la traducción. Desgraciadamente, sabemos que, por ahora, los sistemas ideales no existen.