Introducción:
Ramón Gómez de la Serna no fue académico. «Nunca se preocupó Ramón por ser miembro de la Academia» dijo de él José Ignacio Ramos1 . Tampoco queda muestra de que la Academia le ofreciese el cargo de manera oficial y el sobrino del padre de las greguerías, Gaspar Gómez, opinaba que fue
«la enorme fecundidad del escritor, su constante parir y parir libros, más g[r]eguerías, más artículos, [lo que] asustaba a los señores académicos. [...] Por eso, sin duda, y por su sencillez, ni él se propuso jamás ingresar en ella, ni tampoco los que dentro están le invitaron a que entrase»2 .
Quizás el Ramón maduro, con constantes problemas económicos, el que deseaba regresar a Madrid, que padecía la falta de un reconocimiento oficial que nunca llegaba ni de Argentina ni de España, quizás ese Ramón sí hubiese aceptado una invitación a ser miembro de la Real Academia de la Lengua. O quizás no, porque ese mismo Ramón maduro escribe el manuscrito de este artículo: «Espanto de Academia» o «Yo soy de la Academia de la Real Gana».3
.
Un mensaje desde Buenos Aires a Madrid, pasando por París:
¿Qué era lo que le espantaba de la Academia? Observando el texto que transcribimos más abajo se detectan al menos cuatro grandes argumentos que aparecen salteados y entretejidos. En orden de aparición, el primero es su naturaleza institucional y política. De hecho en el manuscrito se dice «Fue una fuerza política y literaria»4 , y en la edición éste último adjetivo, «literario», se elimina. De este primer argumento se podría extrapolar el siguiente, que Ramón sólo menciona una vez, la usurpación de una responsabilidad no merecida: «El tesoro que manejan no es de ellos»5 . ¿A qué se refiere con ese «tesoro»? A las dos grandes áreas de la Filología: la lengua y la literatura. Es decir, la baja calidad lexicográfica y el recorte de libertad y desarrollo al que somete la Academia al arte. Critica sus diccionarios inútiles en los que las palabras quedan desolladas pero es la amputación del arte el argumento más repetido a lo largo del texto. Por último quedaría un cuarto argumento: las tradiciones y maneras absurdas que han desarrollado: sus fracs, sus sillones desvencijados, su edificio oscuro, sus ridículas pretensiones de inmortalidad (siguiendo el conocido lema de la Academia Francesa «A la inmortalidad»), sus rituales de iniciación, su machismo, etcétera. Quizás este último no sea el argumento más sólido, pero desde luego es el más afilado y mordaz.
Al margen de estos cuatro argumentos, Ramón también prepara su defensa ante los posibles ataques que llegarían después de la publicación del texto, entre los que señala que él vive en Buenos Aires, es decir, que está alejado físicamente de la sede: «estoy lejos de España y no vivo en Madrid que es mi pueblo». Se sabe que Ramón quiso volver a Madrid en la última etapa de su vida y que no lo hizo por el drama «que para él suponía la sola posibilidad de pensar en separarse de Luisita [Sofovich, su esposa]. Y ella suavemente, persistentemente, tercamente se negó una y otra vez a regresar con él a Madrid»6 , mantiene su amigo José Ignacio Ramos de manera continuada, quien habla de «su constante afán de volver a Madrid»7 . No es la única biografía que reconstruye ese anhelo8 y quedan recogidas las palabras de «Camilo José Cela, que le quería y admiraba, [y que] le instaba a que regresara a España. “Le haremos académico inmediatamente, no le faltará de nada…”»9 .
Tradición de críticas a la Academia:
Algunas de las críticas de Ramón las observamos en la tradición de textos contra la Academia, ejercicio que aparece ya en el siglo xviii. Primo F. Martínez de Ballesteros escribió y editó varios textos sobre este tema, como su Memorias de la insigne Academia Asnal, por el Doctor de Ballesteros, en las que utiliza comparaciones típicas de las fábulas para ironizar sobre la Academia y otras Academias que surgieron en la misma época10 . En el siglo XIX encontramos dos de los autores que más tinta han derramado y salpicado contra la Academia: el primero es Antonio Valbuena, quien publicó Ripios académicos o Fe de erratas del nuevo Diccionario de la Academia11 , donde se ve uno de los argumentos ramonianos: el pobre trabajo lexicográfico que realiza la Academia. Este mismo argumento lanza Larra en su artículo «Las palabras», en el que también toca de manera tangencial la extralimitación de las competencias de la Academia12 . El segundo autor que más ha escrito contra la Institución es Clarín, en cuyos textos vemos el argumento, retomado por Ramón, de que lo siniestro es el hecho de que la institución actúe en cuadrilla: «a los académicos en corporación les quita el talento que tienen [...]. Allí parece que manda la minoría [...] de los malos y de los pésimos»13 , afirma dentro de su disputa con el entonces presidente de la Real Academia, el conde de Cheste.
En el siglo xx aparecieron nuevas críticas, como el libro anónimo Mamarrachos académicos14 datado entre 1906 y 1924; el Max Estrella de Luces de Bohemia que tiene «el honor de no ser Académico»15 aunque cuando le sugieren que debería ingresar él exclame que él es «¡[…] el verdadero inmortal y no esos cabrones del cotarro académico!»16 ; un año más tarde, el también cosmopolita y exiliado Max Aub escribió, en fechas próximas a la publicación de Nuevas páginas de mi vida, un capítulo similar. El genial autor, desde México, describe en 1957 una «ilusoria sesión académica [que] imaginó para su propio ingreso en la Real Academia Española»17. En ella aparece una institución soñada por Aub en la que cantidad de autores (académicos, no académicos y resucitados para la ocasión) forman la Institución.
Gómez de la Serna se apoya en un abultado número de citas y autoridades para defender su posición frente a «la Gran Academia con aire oficial». Pero casi todas esas autoridades son francesas, algunas contemporáneas a Ramón y otras que se remontan dos siglos en el tiempo. No deja de llamar la atención el hecho que de la Serna no utilice los antecedes de nuestra literatura que acabamos de nombrar. Se podría señalar varias razones para entender esta especie de escapismo: la primera se encontraría en las primeras líneas del texto: «la Academia Francesa imitando a la cual se fundó la de España en 1713 por el borbónico Felipe V»18 . Ese «borbónico» fue añadido en el original como una nota a la primera redacción. Es decir que Ramón quería resaltar el carácter afrancesado que ambas instituciones (Academia y Corona) trajeron. Se vuelve a destacar poco después con la frase «la Academia Francesa fue el ejemplo mayor de poder». Si la Academia Francesa es el ejemplo de nuestra Academia, los argumentos contra ésta última pueden basarse en lo que los franceses ya empuñaron. Quizás Ramón no sólo no quisiese entrar en la institución española, sino quedarse también orillado de las críticas españolas, desentenderse de esa tradición y acogerse a otra, a la del país vecino. O quizás le fuese más fácil citar de memoria autores franceses que españoles.
El autor dispara una batería de citas: Alphonse Lamartine, Charles Nodier, Paul Valéry, Renán, Anatole France o Jean Cocteau. Pero no olvidemos lo que dice el mismo padre de las greguerías «algunos de estos escritores humillados, por lo menos dijeron antes de ser académicos algo de lo que sus espíritus rebeldes e independientes pensaron de la Academia»19 . No lo pasemos por alto, de los autores citados en este párrafo, todos y cada uno fue académico20 . Lamartine, Nodier, Valéry y Renán21 aparecen uno detrás del otro como ejemplos de autores humillados, poetas-bueyes domesticados, como dice la cita de Valéry. La de Cocteau, a quien Ramón ya le había dedicado la efigie «Serafismo» en Ismos22 , aparece más tarde en el texto, como si no perteneciese a esos humillados. Lo cierto es que Cocteau también entró a la Academia, en 1955, probablemente después (o quizás al mismo tiempo) de que Ramón escribiese este texto. Cocteau no es la única autoridad del texto sobre quien Ramón ya había escrito un artículo. También encontramos el «Anatole France», del que ya hablaremos, o «El conde de Keyserling»23 , que aparece de manera tangencial en nuestro texto, europeo intelectual y cosmopolita de la época por quien Ramón sentía admiración y amistad.
Sin embargo algo sorprende de esos artículos. En ellos no sólo no menciona nada de las Academias, sino que tampoco se encuentra el tono cáustico. Por ejemplo en el capítulo «Los membretes de la Academia» dentro de la biografía Azorín:
En ese momento [...] es propuesto Azorín para la Academia, frente a Miguel Echegaray, cuya candidatura propugnan elementos más reaccionarios y rancios. [...] La Academia hace caso al revuelo de la opinión, entrando Azorín a formar parte de la Corporación, de la cofradía de los hermanos de la despedida. [...] Para probar a los que no son inmortales que el arte verdadero puede serlo, dio una prueba de presencia inmortal haciendo sonar una hora del pasado, con el aporte de unas sutiles campanadas de otro tiempo24 .
Esa escueta mención a la «cofradía» y a la mortalidad e inmortalidad es el único destello del Ramón irónico y juguetón de nuestro ataque contra la Academia. Esto a pesar de que Azorín se enemistó contra la institución «limpiabotas» y dejo de asistir «desde que le negaron la entrada a Gabriel Miró»25 , excusa perfecta para que Gómez de la Serna hubiese cargado las tintas contra la institución. Tampoco se encuentran ataques dentro de la biografía Don Ramón María del Valle-Inclán, lo que es aún más inexplicable si se tiene en cuenta, no sólo las citas de Luces de Bohemia, sino también la existencia de una perfecta posibilidad: «Los amigos y admiradores [de Valle-Inclán] aprovecharon la ocasión de su cesantía para darle un banquete en el Palace, uniendo a ese motivo el que la Academia Española le había negado el premio Fastenrath, al que había optado por aquel tiempo»26 . Ni un adjetivo, ni una comparación, ni un paréntesis. Como tampoco se encuentra nada hiriente en «Anatole France»27 , donde Gómez de la Serna dibuja un retrato del poeta como representación (u obispo) de París.
Palabras y citas puntiagudas que se acaban quedando huecas ante el hecho de que terminaron como «escritores humillados». Falta de crítica a la Academia en las biografías de Azorín y de Valle-Inclán. Falta de reproche a sus admirados autores franceses por su pertenencia a la «institución dragoniana». Como se ve en nuestro texto, reconocimiento de que tiene amistad con ciertos académicos españoles. De esta manera podemos entender el texto como un ejercicio literario humorístico con ciertas verdades, pero sin intentar relacionarlo con su biografía ni creer ver en él argumentos para una teórica entrada en la Academia.
Crítica en el siglo xxi:
¿La Academia de hoy en día es igual de criticable que la de mediados del siglo xx? ¿Cuánta razón continúa llevando de la Serna el 2011? De algunos aspectos señalados en el texto es difícil dar una respuesta objetiva. Sí se puede señalar que la dimensión política e institucional de la Academia no se ha atenuado en los últimos años sino que se ha reforzado con su intención unificadora del lenguaje a ambos lados del Atlántico, intención que siempre ha estado latente en su diccionario28 . En cuanto a su aire oficial, habría que señalar que su papel de Tribunal Supremo del idioma es también consentido por los mismos hablantes al considerar «el Diccionario de la Academia […] el libro sagrado del idioma, guía y luz infalible para el buen uso de todas las palabras», como señala Manuel Seco29 . Ya no se puede decir «gallitos sin gallinas»: en los últimos meses ha entrado la cuarta mujer de la Institución30 , primera filóloga31 . Sin embargo la mayoría de hombres sigue siendo abrumadora. En cuanto a su papel sobre la literatura, parece haberse rescindido a promover publicaciones conmemorativas de grandes autores hispánicos32 .
En cuanto a su trabajo lingüístico, hay que señalar luces y sombras en estos últimos cincuenta años. Se observa un primer momento de cambio en los años 70 que se asienta a finales de los 80 de manos de Lázaro Carreter33 . Desde entonces su diccionario ha mejorado y en los últimos diez años se ha impulsado importantes obras de consulta como la Nueva Gramática de la lengua española, el Diccionario de americanismos o el Diccionario Panhispánico de dudas34 . Éste último puede consultarse de manera abierta en Internet, al igual que el Diccionario de la lengua española35 (usualmente citado como DRAE), el Nuevo tesoro lexicográfico de la lengua española36 o los corpus CREA y CORDE37 . Todos estos son útiles avances de los que no se debe olvidar las carencias que han traído consigo, como son los problemas técnicos que demuestra el portal de la Academia, la falta de una interfaz moderna e intuitiva, más y mejores opciones de búsqueda, el hecho de que hayan lo hayan volcado del papel a lo digital sin haberlo estructurado, no haber puesto en consulta libre obras como su Ortografía de la lengua española o Nueva Gramática, etcétera.
Al margen de esos avances, tampoco se pueden olvidar grandes errores que la Academia se obceca en cometer. El primero es su negativa a crear un diccionario de nueva planta que elimine todos los errores (de técnica lexicográfica, palabras inventadas, anacronismos, poca homogeneidad, etcétera) que la actual 22ª edición arrastra38 desde el siglo xviii39 . El segundo es el hecho de que hoy por hoy no haya terminado un diccionario histórico. La Academia ha intentado en los últimos cien años tres veces la misma tarea, dos de las cuales ya fracasaron40 . El tercer intento41 , que actualmente se está llevando a cabo, parece estar sufriendo momentos críticos42 . El tercer gran error es mantener la manera de redacción de sus entradas en el que todos los académicos numerarios tienen voto43 . En 1992 Seco esperaba que esto cambiara pronto44 , aunque en su edición de 2003, en una nota a pie de página, reconocía que desde entonces nada había cambiado. 8 años después podemos constatar la misma situación.
El caso de este lexicógrafo nos permite juzgar en la actualidad ese dragonisaurio del que hablaba Ramón. Seco entró a formar parte de la Real Academia en 1979, en la que ya trabajaba como parte del equipo del Nuevo diccionario histórico45 . Como él mismo dice, compartió bigamia46 con el histórico y con su diccionario propio, el sincrónico, para el que su equipo y él estuvieron «dispuestos a trabajar gratis»47 y que finalmente se publicó en 199948. Dos años antes, la redacción del diccionario histórico se había abandonado. Su Diccionario del español actual es considerado como uno de los mejores diccionarios actuales del español de España49 (cuando no el mejor), por su rigor50 , muy superior al DRAE. ¿Cómo es posible que un académico componga un diccionario mejor que el de la propia Academia a la que pertenece?
El estilo de alguien que escribe para vivir:
De nuevo retomamos las palabras de Ignacio Ramos: «Ramón [...] es quizás el único escritor puro [...] que haya tenido España. El único que vivió solamente y en forma totalmente excluyente de su pluma. No conoció otros ingresos»51 . De esta manera podemos entender mejor un manuscrito que delata una muy rápida redacción con un buen número de errores. El mismo Ramón confiesa en su Automoribundía que «esperar de la idea de un cuento o un tema original de artículo» duraba un año; «atrapación de la idea» un mes; «representar el asunto, dejarlo en la solana, salir a verlo de vez en cuando» dos meses; y que la «puesta en limpio de la idea, después de un prólogo de oraciones y trabajando a través de una buena noche» sólo duraba cinco horas52 , pero consideramos que la redacción de este artículo le llevó menos tiempo. A pesar de esto, se muestra verdadero entusiasmo en las fases de redacción del manuscrito. Tanto es así que la tercera hoja tiene en su parte inferior una solapa de papel pegada y doblada (para mantener el formato del resto de las hojas), en la que escribió Ramón la anécdota de Valery y los poetas bueyes.
Hubiese sido interesante dejar la ortografía del manuscrito original para recordarnos que las faltas están presentes también en textos de grandes autores (aún sabiendo que contaba con una persona que le pasaba los textos a máquina, a quien le dirige la primera línea del manuscrito «Espero la copia a máquina»). El lector puede observarlas a través de las imágenes y de la transcripción: faltas, lapsos, verbos omitidos en la primera redacción o errores de concordancia de género entre el sustantivo y el adjetivo, amén de decenas de errores en relación a los acentos, tanto por omisión como por adición.
Tan rápida debió ser la redacción que los signos diacríticos de entrecomillado raramente coinciden entre ellos y las comillas anglosajonas altas, las bajas, las castellanas y los guiones se entremezclan de manera casi promiscua. Un aspecto interesante del estilo del texto es el uso del léxico, que proviene de registros muy diferentes. Cuido o días recepcionales, que aparecen en la primera redacción (modificadas en la edición por cuidado y recepciones), conviven con neologismos del autor como zurrisucios, pedigüeñeante (modificado por pedigüeño) dragonisaurio, estatuado (cuyo infinitivo estatuar aparece en el DRAE pero con un significado diferente), antemuerte, etcétera. Palabras por cierto que el autor no entrecomilla, cosa que sí hace con otras como monstruo (que aparece desde el siglo xv).
Las ediciones del texto:
Además del manuscrito (al que llamamos A1), hemos encontrado tres publicaciones del texto, la primera de 195753 (a la que en nuestra edición llamamos A2). Como ya hemos comentado y reflejamos en las notas a pie de página, la mayoría de los cambios entre el manuscrito y esta edición es la corrección de las abundantes erratas, errores gramaticales, sustituciones léxicas cultas o neologismos por soluciones más sencillas y un buen número de adiciones, algunas de ellas notables, como lo son los últimos cuatro párrafos. Además se deslizaron un par de erratas o errores de transmisión.
La segunda versión es de 196954 , basada en la de 1957 aunque con la puntuación y los signos diacríticos ligeramente modificados55 . La tercera publicación del texto se encuentra en las Obras Completas (2003)56 de Ramón Gómez de la Serna, está basada en la de 1969 y de nuevo se observan ligeras diferencias en la puntuación respecto a las dos anteriores.
Sin embargo cabría suponer una primera edición del texto en prensa. A diferencia de Automoribundia, que es una verdadera autobiografía, Nuevas páginas de mi vida es una colección de capítulos sin un hilo conductor claro. Comos dice la editora de sus Obras Completas «no tiene una personalidad definida como tal autobiografía, y queda lejos de la espléndida Automorinbundia [...]. Da rienda suelta a divagaciones y más divagaciones, capítulos que se suceden en un orden arbitrario, sin relación entre sí»57 . Tanto es así que bien podría ser una recolección de artículos publicados en diferentes periódicos o revistas. A esto se le debe añadir una serie de cambios que se observan en la publicación. El primero, al comienzo del texto se lee un «artículo sincero y definitivo», pero se publica como: «capítulo sincero y definitivo». Podemos suponer incluso que fuese una publicación en prensa argentina o americana y no española ya que «mi alegría de estar aquí»58 en el manuscrito para a ser «mi alegría de estar en América» de la publicación. Esto explicaría además la primera línea de las añadidas al final del manuscrito, donde se recalca que el autor no vive en Madrid, una explicación que parece dirigida a sus compatriotas.
Criterios de edición:
Nuestro texto es una edición crítica basada en la publicación de 1957 ya que esta presenta algunos cambios relativamente importantes. Es por esto que hay que suponer que el autor volvió a modificar el texto antes de que se publicase. Enmendamos una errata («Académico de la legua», presente desde el manuscrito, en todas las ediciones) y algunos errores de transmisión («aceptarme como socio», «anotarme como socio»). Las mayúsculas, símbolos diacríticos y utilización de comas siguen el texto de 1957 con algunas modificaciones (estos últimos no marcados en la notación por carecer de interés real)59 . En cuanto al uso de puntos y aparte, hemos decidido mantener la del manuscrito, en el que los párrafos son mucho más cortos que en la edición impresa60 . Esta decisión se fundamenta en varios argumentos. El primero es que los cuatro últimos párrafos, de los que tres son sencillas líneas, no aparecen en el manuscrito, es decir, se añadieron posteriormente. Suponemos entonces que la división en párrafos original fue alterada por una segunda persona que velaba por los intereses del medio que publicó el texto, deseando ahorrar espacio y dinero. Sin embargo estos últimos párrafos podrían haberse escapado de la modificación de ese editor y se quedaron con la forma corta que le daba Gómez de la Serna61 .
Una de las variantes que nos parecen más adecuadas en el manuscrito es la del título. Dejamos el original «Espanto de la Academia» (y no el que fue el definitivo «Soy de la Academia de la Real Gana») junto al paréntesis y el nombre del autor. Es probable que el medio que editó el texto prefiriese prescindir de ese paréntesis, cuyo contenido terminó ligeramente modificado e instaurado como título.
Conclusión:
Nos mostramos precavidos sobre la sinceridad o validez biográfica del texto, que debe ser leído como un ejercicio literario de larga tradición y probablemente un artículo mordaz para prensa. La rápida redacción del texto, las últimas líneas y su falta de estructura sostendrían esta hipótesis. Lamentablemente muchas de sus críticas siguen vigentes en la actualidad, principalmente aquellas relacionadas con su Diccionario.
Transcripción:
ESPANTO DE LA ACADEMIA62
Por Ramón Gómez de la Serna
(De la Academia de la Real Gana)63
Al fin tengo que escribir este capítulo64 sincero y definitivo.
La fuerza de las academias sobre todo las que representan la lengua, el gran tesoro del verbo, viene del categórico misterio de Paris, de la Academia Francesa imitando a65 la cual se fundó la de España en 1713 por el borbónico66 Felipe V.
Fue una fuerza politica67 que encontró en Francia Richelieu, reduciendo a autoridad las tertulias y las peñas de café de su tiempo (Kaiserling consideró eso de estar cuidando el diccionario como una idea ingeniosa y pícara del Cardenal)68 .
Las academias anteriores69 en que se congregaban Lope, Cervantes y los literatos de su tiempo tenían siempre remoquetes burlones70 y una forma de cháchara que la hacía perdonar como si fuesen las primeras reuniones de Café o Botillería.
Lo malo de la Gran Academia con aire oficial, es que amparada por ser la guardadora del sagrario o tabernáculo de la lengua, pueda intervenir con su influencia en la libertad de formas e inspiraciones en que debe vivir la creación literaria.
El tesoro que manejan no es de ellos y muchas veces no han hechos nada para su formación y desenvoltura. El cuidado71 del diccionario y sus palabras debería ser72 asignado a unos oficinistas73 , etimólogos, correctores de pruebas74 y algunos apuntadores de teatro75 –plumeros que limpiasen el polvo de las palabras76 y evitasen su pudrición y parasitismo77–, que así y con buen sueldo no pudiesen ampararse en la influencia que a los académicos les otorga78 su honrarse demasiado al aparecer79 como usufructuarios de esa gran riqueza depositada en sus manos.
La Academia Francesa fue el ejemplo mayor de poder y siempre me apena ver a Baudelaire haciendo las visitas pedigüeñas80 subiendo 81 a las casas82 de los académicos. ¡Vergüenza humana, ir empaquetado de besugo al país de los bacalaos!83
Alguno de esos escritores humillados por lo menos dijeron antes de ser académicos algo de lo que sus espíritus rebeldes e independientes pensaron de la Academia. Así Lamartine, en carta a Victor Hugo, escribió: «Si una vez terminado este asunto me volvéis a ver entre los que solicitan ser miembros de la Academia, decid que he perdido el corazón y la cabeza». Carlos Nodier, que fue elegido en 183384, también escribió en el prefacio a sus Cantos Modernos, en 1830 «Como cuerpo literario, la Academia no solo es inútil sino hasta perjudicial. Cuando un cuerpo instruido85, pagado y86 laureado, no sirve e impide la marcha del progreso87 a los cuales debería ayudar, pierde su razón de ser y debe suprimirse».
Una señora francesa le dijo88 un día a Paul Valery que no podía aclarar a su niño la diferencia que había89 entre un toro y un buey, y entonces el gran poeta francés la aconsejó: «Dígale que un toro es un escritor antes de entrar en la Academia y un buey es el90 que ya ha entrado»91 .
Renan dijo: «La Academia no paga, pero alimenta», refiriéndose a cómo eran invitados los académicos por la gente mundana92 de aquel tiempo.
La adquisición de sus fracs93 verdes y bordados en oro94 es muchas veces un problema insoluble95 como no96 encuentren en el secretariado algún uniforme de un difunto que les venga bien y no esté muy apolillado, pues el sastre académico a veces no puede cubrir con bordados tantos agujeros97 , además de que98 el reglamento prohíbe descarriados firuletes.
¿Y después para qué tanto esfuerzo aun tratándose de la Gran Academia? ¡Una vez se hizo una encuesta repasando todos los bustos guardados en el99 sótano y había numerosos estatuados que no pudieron ser100 identificados!
El académico queda transformado en académico101 y ya tiene que hacer vida de académico y tener una prudencia convencional puramente académica.
Como en mí la inclaudicación es verdadera, aquella rebeldía juvenil102 , que me hizo dejar una corona de flores103 colgada de la verja de la Academia un día de104 los Fieles105 Difuntos, persiste aún y en mi alegría de estar en América106 figura con regodeo107 esa inmunización para ser académico que da el estar lejos del edificio litúrgico del país de origen.
Me da verdadero pánico esa mesa circular108 que se hace109 pozo de ciencia en el ruedo vacío que crea en su centro –llena de viejas ediciones del diccionario–, ese diccionario del que dijo Rivarol «que en él110 no se encuentra lo que no se sabe, pero tampoco lo que se sabe».
Sentarse alrededor del gran brasero final siempre me ha parecido algo macabro, pues no en vano se ha definido a la Academia como «reunión de inmortales cuya ocupación principal es esperar que muera alguno de ellos»111 .
Ya sé112 que no son fantasmas los que forman parte de la Academia –tengo yo buenos amigos entre los académicos– pero con el respeto debido al Presidente, el Secretario perpetuo me parece una osadía de lo humano. ¡Secretario perpetuo! ¡Como se ríe la muerte cuando agarra a uno de esos secretarios perpetuos!
¿Y el escalofrío del113 día de la recepción? He asistido a través de la vida a varias recepciones114 en115 esos días tembladores que son elegidos entre los116 domingos más lívidos de117 todos los domingos cuando118 los amigos, más crueles que de costumbre, sonríen al dejar en la antemuerte al académico nuevo, porque ya es sabido119 que los recipendiados mueren dos veces ¡Espectáculo corto y triste120 viendo a esos señores vestidos con un frac de pechera pequeña como si fuese un baberito!121
Quedan allí dentro donde,122 si no son peligrosos uno a uno, del conjunto –el dinosaurio que forma el llamado Cuerpo Académico– brota una reacción contra lo más nuevo y transformador. Obran en forma123 de dragón de cuarenta cabezas. En cuanto se quitan el gabán –ayudados124 por cinco conserjes– se conglomeran en dragonisaurios.
Después de breve tertulia se reúnen para desollar palabras:
–¡Venga unos cuantos ratoncitos de esos!
Su idea de las palabras es remota y escueta. Recuerdo a ese propósito un anciano académico que fue victima de su inocencia diccionaril. El pobre sabía por el diccionario que botijo es «vasija de barro, de abultado vientre con asa en la parte superior, a uno de los lados boca proporcional para echar el agua y al opuesto un pitón para beber» y se compró un botijo pintado de verde y al día siguiente se moría envenenado por aquel verde que había rezumado con el agua.
Gallitos sin gallinas, yo sé por qué no admiten mujeres. No admiten mujeres125 porque temen126 que por ese extravío127 grotesco y bioquímico128 que se produce en la vida con el paso de los años129 , les tomen por130 viejas académicas a ellos y a ellas por viejos académicos.
La Academia es la persistencia y la tozudez en sostener lo que ya es otra cosa o lo que no se dice hace mucho tiempo.
Yo tendría discusiones pavorosas con los académicos queriendo imponer palabras que131 se dicen y que no están en el diccionario, palabras zurrisucias, pero132 que son expresivos133 ratimagos geniales de la calle134 .
Yo135 llevaría reconvenciones inextinguibles; que por qué quitaron la hache a armonía cuando la hache, precisamente136 , era la lira de sus delicias137 y, sobre todo, por qué han138 llamado al champagne champaña, palabra cursi como ella sola; ¡por lo menos que lo hubiesen llamado espumoso o como se le llama en los tangos champán, palabra que de golpe y porrazo recuerde su efervescencia y su taponazo!
No quiero sentarme en un viejo sillón desvencijado y en cuyos brazos está el reuma articular y retórico del que lo ocupó antes.
Anatole France dijo un día contra esos ancianos que se aferran139 a sus ideas: «Los nativos de las Islas Fidji matan a sus padres cuando son viejos. De esta manera facilitan la evolución, mientras nosotros la retardamos creando academias».
Al entrar a140 la Academia se cede a todo lo que no es verdad, a todo lo que es retardatario. Habéis faltado a los alardes mas firmes de vuestra juventud, y en 141 toda votación, si queréis defender lo original142 , seréis aplastados. Os habrán impuesto, halagando vuestra vanidad, todo lo que quisisteis rechazar143 en los momentos más puros y lúcidos. Sentiréis una solidaridad calentita que os doblegará.
Yo no quiero estar bajo ese lema de lustrabotas: «Limpia, fija y da esplendor».
¿Que no merezco el puesto que rechazo? Pues entonces contestaría satisfechamente144 con las palabras de Cocteau: «No hay que rechazar las recompensas oficiales: lo que hay que hacer es no merecerlas» o si allí estuviesen dispuestos a aceptarme diría145 lo que dijo Groucho Marx cuando le quisieron dar entrada en un gran Club: «No quiero pertenecer a ningún Club que esté dispuesto a aceptarme146 como socio»147 .
Yo, en realidad148149 , soy un académico de la lengua150 y por esta rebeldía151 me parece que me van a echar de allí152 antes de153 haber entrado.
Sólo una vez dije que quería ser portero de la Academia154 –portero de los grandes porteros de la inmortalidad–, pero sin ser responsable de nada, viviendo cómodamente en aquella portería en que entra el sol y cuelgan tres o cuatro canarios flauta que son155 los superparlantes156 o académicos de la canariería.
El resto157 del edificio es sombrío, pues si la primera academia griega158 se definió como «casa con jardín cerca de Atenas, donde solía reunirse Platón con159 otros filósofos», en esta Academia están cegadas160 por161 mármoles todas162 las ventanas que dan al163 jardín y nunca se abre la puerta que da a él.
A mí no me pillan en ese Panteón, porque164 la Academia no logra resucitar muertos y mata vivos. Para eso yo lo he pensado mejor165 y soy académico de los cementerios reunidos y libres.
Hay una tragedia166 especial que aceptan algunos167 como un sadismo mezclado de masoquismo y168 entran en la Academia como vencidos con todos los honores. Frente a todo eso169, alguien tiene que dar ejemplo y demostrar170 que no aceptó171 ni por casualidad.
Ahora se172 está rejuveneciendo algo la Academia173 y han entrado poetas en su jaula de oro, pero su canto parece perderse en habitaciones interiores, alejándose de los árboles y de la calle. Están escondidos en el sitio en que siempre de alguna manera se cortapisa la inspiración y se persigue174 al «monstruo» de los175 proyectos que es176 la innovación literaria177 .
Que les den todos los honores178 que quieran, que yo179 gozaré solo, el honor ilimitado de no haber entrado, estado en180 que además no se181 pierde cierto182 romanticismo misterioso que es el perfume mejor de la vida183.
Yo soy así y así moriré. Creo en lo que creo que debo creer y no creo en lo que creo que no debo creer184 .
Estoy lejos de España y no vivo en Madrid que es mi pueblo, porque no quiero que tengan la tentación de hacerme académico y que no me digan para desaire mío que no pensarían en eso jamás los académicos, porque precisamente los académicos se renuevan mucho y entre los renovados podrían venir algunos que se les ocurriese mi candidatura.
Lo peor de los académicos es que ejercen su influencia con la agravante de actuar en cuadrilla.
Pero lo que me abstiene más, es que los académicos cometen el absurdo de usar frac con corbata negra.
Creo que con todo lo dicho ya no intentarían hacerme académico nunca185 .
- José Ignacio Ramos, Mi amigo Ramón, Buenos Aires: Temas Contemporáneos, 1980, p. 15. [↩]
- Ibid. p. 17. [↩]
- Ramón Gómez de la Serna, Espanto de la Academia, BNE, Ms. 23.197/6. [↩]
- Op. cit. hoja 1. [↩]
- Ibid. hoja 2. [↩]
- José Ignacio Ramós, op. cit. p. 64. [↩]
- Ibid. p. 75. [↩]
- Rafael Flórez, Ramón de Ramones, El libro del centenario, Primera biografía puntual de Ramón Gómez de la Serna, Madrid: Bitácora, 1988, pp. 337-342. [↩]
- José Ignacio Ramós, op. cit. p. 64. Buena muestra también queda de su aprecio por la capital en su Elucidario de Madrid o en el libro con esclarecedor título Nostalgias de Madrid, ambos en Ramón Gómez de la Serna, Obras Completas, vol. XIX, ed. de Ioana Zlotescu, Barcelona: Círculo de lectores Galaxia Gutemberg, 2002 [↩]
- Cfr. Alonso Zamora Vicente, La Real Academia Española, Madrid: Espasa Calpe, 1999, p. 523. [↩]
- Cfr. ibid. pp. 517-518. [↩]
- Cfr. ibid. p. 533 y Mariano José de Larra, Artículos vol. I en Obras Completas, Madrid: Fundación José Antonio de Castro, 1996, pp. 533-534. [↩]
- Mario Hernández, «Clarín contra el Lucero del Alba (Marqués de la Pelezuela, Conde de Cheste)», Lectura y Signo, 2 (2007), pp. 237-276. [↩]
- Cfr. Zamora Vicente, op. cit. p. 520. [↩]
- Ramón del Valle-Inclán, Luces de Bohemia, ed. de Alonso Zamora Vicente, Madrid: Espasa Calpe, 1998, p. 91. [↩]
- Ibid. p. 79. No son las únicas menciones a la Academia del texto. Don Latino repite el mismo insulto en p. 174. A este personaje se le llama académico por despreciar la poesía de Rubén Darío en p. 134. [↩]
- Cfr. Zamora Vicente, op. cit. p. 527. [↩]
- Hay que señalar que Ramón no se olvida que ya en el siglo xvii aparecieron reuniones poco a poco estructuradas, seguidas después por las Academias de los novatores y otras instituciones similares y que desembocarían en la Academia Española, Real desde 1714, un año después de su fundación. Para más información véase Pedro Álvarez de Miranda, «Las academias de los novatores» en Rodríguez Cuadros, Evangelina (edit.), De las Academia a la enciclopedia: el discurso del saber en la modernidad, Valencia: Alfons el magnánim, 1993, pp. 265-300. [↩]
- Op. cit. hoja 3. [↩]
- Académie Française, «Galerie de portraits», Dirección <http://www.academie-francaise.fr/immortels/index.html> [Consulta: 09 de noviembre de 2011]. [↩]
- Op. cit. hojas 3-4. [↩]
- Ramón Gómez de la Serna, Ismos, Buenos Aires: Poseidón, 1947, pp. 377-400. [↩]
- Ramón Gómez de la Serna, Nuevos Retratos contemporáneos, en Obras Completas, vol. XVII, ed. de Ioana Zlotescu, Barcelona: Círculo de lectores Galaxia Gutemberg, 2004, pp. 95-101. [↩]
- Ramón Gómez de la Serna, Azorín, en Obras Completas, vol. XIX, ed. de Ioana Zlotescu, Barcelona: Círculo de lectores Galaxia Gutemberg, 2002, pp. 240-241. [↩]
- Ibid. loc. cit. [↩]
- Ibid. p. 635. [↩]
- Ramón Gómez de la Serna, Variaciones A, en Obras Completas, vol. V, ed. de Ioana Zlotescu, Barcelona: Círculo de lectores Galaxia Gutemberg, 1999, pp. 1166-1170. [↩]
- Luis Fernando Lara, «Lagunas y debilidades de la lexicografía hispánica», en Dimensiones de la lexicografía. A propósito del Diccionario del español de México, México: El Colegio de México, 1990, pag. 233. [↩]
- Manuel Seco, «El diccionario sincrónico del español», en Estudios de lexicografía española, Madrid: Gredos, 2003, p. 419. [↩]
- Académicos de número. Real Academia Española. En línea. Dirección: <http://www.rae.es/rae/gestores/gespub000001.nsf/voTodosporId/A9C3B614985EADD8C1257136007078F7?OpenDocument>. [Consulta: 24 de abril de 2011]. [↩]
- Nos referimos a Inés Fernández-Ordóñez, cuyo discurso de entrada fue La lengua de Castilla y la formación del español. Discurso leído el día 13 de febrero de 2011 en su recepción pública por la excma. Sra. D. ª Inés Fernández-Ordóñez y contestación del Excmo. Sr. D. José Antonio Pascual, Madrid: Real Academia de la Lengua, 2011. [↩]
- Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, Madrid: Santillana, 2004. Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, Madrid: Santillana, 2007. Carlos Fuentes, La región más transparente, Madrid: Santillana, 2008. Gabriela Mistral, En verso y prosa, Madrid: Santilla, 2010. Pablo Neruda, Antología general, Madrid: Santillana, 2010. [↩]
- Günther Haensch y Carlos Omeñaca, Los diccionarios del español en el siglo xxi, Salamanca: Universidad de Salamanca, 2004, pp. 212-214. [↩]
- Nueva Gramática de lengua española, Madrid: Espasa Libros, 2010; Diccionario de Americanismos, Madrid: Santillana, 2009; Diccionario panhispánico de dudas, Madrid: Santillana, 2005. [↩]
- Dirección: <http://rae.es/rae.html>. [Consulta: 24 de abril de 2011]. [↩]
- Dirección: <http://buscon.rae.es/ntlle/SrvltGUILoginNtlle>. [Consulta: 24 de abril de 2011]. [↩]
- Dirección: <http://corpus.rae.es/creanet.html> y <http://corpus.rae.es/cordenet.html> respectivamente. [Consulta: 24 de abril de 2011]. [↩]
- Cfr. Manuel Seco, op. cit. p. 419. [↩]
- Cfr. Günther Haensch y Carlos Omeñaca, op. cit. p. 205. Incluso podemos remontarnos a fechas anteriores, ya que el mismo Casares reconocía que la Academia volcó el Covarrubias, con lo que el diccionario se remontaría al siglo XVII: Julio Casares, Introducción a la lexicografía moderna, Madrid: CSIC, 1950, p. 12. [↩]
- Cfr. Manuel Seco, op. cit. pp. 165-170. [↩]
- José Antonio Pascual Rodríguez y Rafael García Pérez, «Estado del Nuevo diccionario histórico de la Real Academia Española», en Diccionario histórico: nuevas perspectivas lingüísticas, ed. por María Pilar Garcés Gómez, Madrid-Frankfurt: Iberoamericana-Verveuert, 2008, pp. 11-15. [↩]
- Quizás podemos reutilizar hoy las palabras que Manuel Seco pronunció en 1996 y decir que «se vislumbra como probable el próximo abandono de la empresa», op. cit. p. 422. [↩]
- Sistema de Trabajo. Real Academia Española. En línea. Dirección: <http://www.rae.es/rae/gestores/gespub000001.nsf/voTodosporId/8DD1D2BAF1CC6DD4C12571460039667F?OpenDocument>. [Consulta: 24 de abril de 2011]. [↩]
- Manuel Seco, «Sobre el método colegiado en lexicografía», op. cit. p. 69. [↩]
- Cfr. José Martínez de Sousa, Manual básico de lexicografía, Gijón: TREA, 2009, págs 320-321. [↩]
- Cfr. Manuel Seco «Un diccionario fraseológico» en Estructuras léxicas y estructuras del léxico, ed. de Elena de Miguel, Azucena Palcios y Ana Serradillas, Frankfurt am Main: Peter Lang, 2006, p. 37. [↩]
- Cfr. Manuel Seco, op. cit. p. 426. [↩]
- Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos González, Diccionario del español actual, Madrid: Aguilar, 1999. [↩]
- Cfr. Javier López Facal, La presunta autoridad de los diccionarios, 2010: Madrid, CSIC-Catarata, p. 78; Humberto Hernández, «Entre la tradición y la modernidad: límites y posibilidades de os diccionarios en CD-Rom», en Lexicografía y lexicología en Europa y América, homenaje a Günther Haensch, 2003, Madrid: Gredos, p. 355; Günther Haensch y Carlos Omeñaca, op. cit. pp. 228-232. [↩]
- Cfr. José Alvaro Porto-Dapena, Manul de técnica lexicográfica, 2002, Madrid: Arco libros, pp. 70, 179, 192, 255, 323-324; Luis Fernando Lara, De la definición lexicográfica, México D. F.: Colegio de México, 2004, pp. 129-130. [↩]
- José Ignacio Ramós, op. cit. loc. cit. [↩]
- Ramón Gómez de la Serna, Automoribundía, Madrid: Guadarrama, 1974, p. 73. [↩]
- Ramón Gómez de la Serna, Nuevas páginas de mi vida, Alcoy: Marfil, 1957. [↩]
- Ramón Gómez de la Serna, Nuevas páginas de mi vida, Madrid: Alianza Editorial, 1969. [↩]
- Obsérvese por ejemplo el cambio de lugar de la interrogación «¿Y después»… a «Y después ¿», hoja 4. [↩]
- Ramón Gómez de la Serna, Nuevas páginas de mi vida, en Obras Completas, vol. XIV, ed. de Ioana Zlotescu, Barcelona: Círculo de lectores Galaxia Gutemberg, 2003. [↩]
- Ioana Zlotescu en ibid. p. 35. [↩]
- Op. cit. hoja 5. [↩]
- En el manuscrito y en las dos primeras ediciones se entrecomillan las palabras al hablar de ellas metalingüísticamente; en la última edición publicada aparecen en cursiva, más adecuado a la actualidad, método que seguimos. [↩]
- También mantenemos la división en párrafos de «canariería. El resto del:», hoja 10, y no como se publicó «canariería y lo dije porque el resto». Este cambio rompe el sentido de ambos párrafos y parece destinado a ahorrar espacio. [↩]
- Como se observa en un buen número de sus obras, por poner algunos ejemplos Ismos, Retratos contemporáneos o Nuevos retratos contemporáneos. [↩]
- Espero la copia a máquina add A1. Espanto de la Academia: Soy de la Academia de la Real Gana A2 [↩]
- (De la Academia de la Real Gana) om A2 [↩]
- capítulo: artículo A1 [↩]
- imitando a [en A1 sustituye redacción tachada: como imitación de] [↩]
- por el borbónico add A1 [↩]
- y literaria om A2 [↩]
- (Kaiserling consideró… add A1 [↩]
- anteriores add A2 [↩]
- burlones add A2 [↩]
- cuidado: cuido A1 [↩]
- ser add A1 [↩]
- unos oficinistas: unos honrados oficinistas A1 [↩]
- etimólogos y correctores de pruebas add A1[y om A2] [↩]
- y algunos apuntadores de teatro add A2 [↩]
- el polvo de las palabras: su polvo en A1 [su sustituye redacción tachada: sus] [↩]
- parasitismo [en A1 sustituye redacción tachada: parasiteismo] [↩]
- otorga [en A1 sustituye redacción tachada: da] [↩]
- al aparecer [en A1 sustituye redacción tachada: haciéndose los] [↩]
- pedigüeñas: pedigüeñeantes A1 [↩]
- subiendo add A2 [↩]
- a las casas de: a casa de A1 [↩]
- ¡Vergüenza humana… add A1 [↩]
- que fue elegido en 1833 add A1 [↩]
- instituido: constituido A2 [↩]
- y add A2 [↩]
- del progreso: de los progresos A1 [↩]
- dijo [en A1 sustituye redacción tachada: preguntó] [↩]
- que había add A2 [↩]
- el add A2 [↩]
- párrafo add A1 [↩]
- de aquel tiempo: add A1 [↩]
- fracs: frac A1 [↩]
- oro [en A1 sustituye redacción tachada: lin; probablemente lino] [↩]
- insoluble: imposible A1 [↩]
- no om A1 add A2 [↩]
- con bordados tantos agujeros: con nuevos bordados los agujeros A1 [↩]
- además de que: pues A1 [↩]
- guardados en el: del A1 [↩]
- ser add A1 [↩]
- académico: Academico A1. [↩]
- rebeldía juvenil: posición de juvenil A1[en A1 de tachado] [↩]
- de flores add A1 [↩]
- todos om A1 [↩]
- Fieles [en A1 sustituye redacción tachada: Santos] [↩]
- en América: aquí A1 [↩]
- figura con regodeo [en A1 sustituye redacción tachada: consta] [↩]
- mesa circular [en A1 sustituye redacción tachada: mesa redonda] [↩]
- seco om A1 [↩]
- en él add A1 [↩]
- pues no en vano… add A1 [↩]
- sé om A2 [errata o error de transmisión] [↩]
- escalofrío del add A1 [↩]
- varias recepciones: varios días recepcionales A1 [en A1 días tachado] [↩]
- en add A1 [↩]
- que son elegidos entre los add A1 [↩]
- de [en A1 sustituye redacción tachada: que] [↩]
- cuando [en A1 sustituye redacción tachada: en que] [↩]
- ya es sabido add A1 [↩]
- entre om A1 [↩]
- viendo a esos señores… add A1 [↩]
- dentro donde: dentro, y A1 [↩]
- forma [en A1 sustituye redacción tachada: ferma] [↩]
- ayudados: y como se quitan el gaban ayudados A1 [↩]
- No admiten mujeres add A1 [↩]
- temen [en A1 sustituye redacción tachada: dada] [↩]
- ese extravío grotesco y bioquímico: esea extravación grotesca y bioquímica A1 [↩]
- y bioquímica add A1 [↩]
- no om A2 [↩]
- unas om A2 [↩]
- no add A2 [↩]
- que son add A2 [↩]
- expresivos: expresivas A1 [↩]
- ratimagos geniales de la calle add A1 [↩]
- Yo: Les A1 [↩]
- la hache precisamente add A2 [↩]
- delicias: adelicis A1 [↩]
- han: habian A1 [↩]
- demasiado om A2 [↩]
- a: en A1 [↩]
- en [en A1 sustituye redacción tachada: sino a] [↩]
- si queréis defender lo original add A1 [↩]
- que quisisteis rechazar: que no quisisteis aceptar A1 [↩]
- satisfechamente add A1 [↩]
- o si allí estuviesen dispuestos a aceptarme diría: Así como diría si allí estuviesen dispuestos a aceptarme A1 [↩]
- aceptarme A1: anotarme A2 [posible error de transmisión] [↩]
- o si allí estuviesen dispuestos a aceptarme diría lo que… add A1 [↩]
- realidad: verdad A1 [↩]
- que: om A1 [↩]
- lengua: legua desde A1 [↩]
- contra la academia om A2 [↩]
- allí: la Academia A1 [↩]
- antes de: sin A1 [↩]
- de la Academia add A2 [↩]
- que son: o sea A1 [↩]
- superparlantes: supraparlantes A1 [supraparlantes en A1 sustituye redacción tachada: pa] [↩]
- canariería. El resto del: canariería y lo dije porque el resto A2 [↩]
- griega [en A1 sustituye redacción tachada: griego] [↩]
- con: y A1 [↩]
- las om A1 [↩]
- por: con A1 [↩]
- todas add A1 [↩]
- in om A1 [quizas de interior] [↩]
- porque: pues A1 [↩]
- lo he pensado mejor add A1 [↩]
- una tragedia: un tragala A1 [↩]
- algunos add A1 [↩]
- a om A1 [quizás de al] [↩]
- Frente a todo eso add A1 [↩]
- y demostrar add A1 [↩]
- eso om A2 [↩]
- se add A1 [↩]
- la Academia add A1 [↩]
- se persigue add A1 [↩]
- los add A1 [↩]
- es: son A1 [↩]
- son la innovación literaria [en A1 sustituye redacción tachada: es la innovadora superación literaria] [↩]
- Primer fin de A1 [↩]
- me om A2 [↩]
- estado en [en A1 sustituye redacción tachada: y] [↩]
- se add A1 [↩]
- cierto add A1 [en A1 sustituye redacción tachada: ese] [↩]
- Segundo fin de A1 [↩]
- Fin de A1, párrafo escrito con el mismo bolígrafo que la nota de “espero la copia a máquina”, ultimísima redacción del manuscrito. [↩]
- Estoy lejos de… add A2 [↩]














