Manuscritos de una justa poética a los desagravios de un Cristo lastimado. Poesía antijudía en el siglo XVII

Manuscritos de una justa poética a los desagravios de un Cristo lastimado. Poesía antijudía en el siglo XVII

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Andrea Pérez González

U. Complutense de Madrid

Resumen: Una supuesta herejía en el Madrid de 1630 provocó una serie de manifestaciones públicas y sociales, entre ellas, una justa poética. En la Biblioteca Nacional de España encontramos once poemas relacionados con la herejía y el auto de fe (tres de ellos manuscritos), y su contenido desvela unos temas y motivos que justifican que este suceso se mantuviera en el imaginario español hasta bien entrado el siglo XIX.

Palabras clave: anti-Jewish poetry, herejía, heresy, justa poética, poetry contest

[Andrea Pérez González, «Manuscritos de una justa poética a los desagravios de un Cristo lastimado. Poesía antijudía en el siglo XVII», Manuscrt.Cao, nº 14 (2014), ISSN: 1136-3703]

En el Madrid de 1630 se produjo una supuesta herejía que habría de coronar las sospechas sobre una serie de familias judías de origen portugués que estaban siendo interrogadas por la Inquisición. Las fábulas y anécdotas terroríficas que surgieron a raíz de estos procesos y su consecuente auto de fe circularon hasta entrado el siglo XIX, junto con una serie de devociones ligadas a esta injuria, que confirmarían para el pueblo español (y cristiano viejo) las actuaciones de la Inquisición en la persecución y búsqueda de falsos conversos. Dejando a un lado el ya abordado estudio de archivos y documentos ligado a estos procesos 1 , nos interesa la poesía que surgió a partir de este suceso, gracias a la convocatoria de una justa poética en 1632.

La Biblioteca Nacional de España alberga dos manuscritos que contienen tres poemas pertenecientes a esta justa. El primero de ellos, el Mss/21025 es un manuscrito facticio del siglo XVII de 21x15cm, posee 279 páginas con foliación moderna. Vemos un epígrafe en la hoja de guarda que especifica «Poesías de los años 1600 a 1652», contiene más de cien poemas de distintas manos, la mayoría de ellos de tema religioso (dedicados a la Virgen, Jesucrito y santos), un gran número de poemas dedicados a celebraciones religiosas y otros once pertenecientes a siete justas poéticas distintas. Se trata de un ejemplar que presenta poemas de un carácter relativamente unitario, pero en copias descuidadas. No hay un orden en los poemas y a lo largo del ejemplar encontramos tachaduras y apuntes de manos ajenas a la copia original. Se mantiene la encuadernación primigenia por lo que se puede comprobar que el ejemplar está completo, salvo una hoja que fue arrancada. Se encuentran desde poemas en hojas que habían sido dobladas hasta copias que mimetizan un elegante impreso.

Las justas poéticas que vemos representadas en el Mss/21025 por distintos poemas muestran motivos variados; vemos una justa dedicada a un incendio, una a las Indias, a la ciudad de Granada, al Cristo de la fe, a la Virgen del Buen Suceso, al Arcángel San Gabriel y la que en este caso nos ocupa, una «Justa literaria…consagrada en honor de los improperios que con sacrílego atrevimiento hicieron los judíos en la imagen de Cristo crucificado » 2 . En este ejemplar encontramos dos romances dedicados al certamen en f.109-109v y f.110-110v, ambos copiados por la misma mano.

El segundo manuscrito que contiene un poema dedicado a la misma justa es el Mss/3797, se trata de un ejemplar del siglo XVII de 20×15 cm que pertenece a una colección de tres volúmenes de poesía manuscrita. Es un ejemplar más uniforme y la primera mitad no tiene apenas tachaduras, la copia es de distintas manos aunque en general es más cuidada que el ejemplar anterior. El orden de la primera parte del manuscrito contrasta con el desorden en la foliación original, el ejemplar cuenta con 453 h., pero la foliación se interrumpe en el fol. 300, a continuación se observan hojas arrancadas y hojas sin foliación, y se reanuda en el f. 440, ya en el índice final. El índice de primeros versos es alfabético, está incompleto y la copia es descuidada, se observan tachaduras, dibujos de perfiles y operaciones matemáticas entre un apartado alfabético y otro.

El contenido de este ejemplar es más general, encontramos desde poesía de circunstancias hasta poesía lírica, o religiosa. Contiene poemas de Luis de Góngora, Conde de Villamediana, Francisco de Quevedo, Vélez de Guevara, Juan de Jáuregui, Lope de Vega, entre otros.

Nuestro poema, en el f. 252 es un soneto de Luis de Ulloa, un autor que está representado por algunos poemas más aparte del dedicado a la justa. La copia es limpia y cuenta con un titulillo que resume el tema del poema, sin dar detalles referentes a la justa.

La relevancia de estos poemas está en la trascendencia que tuvo el auto de fe y la herejía cometida por los judíos, en una época de estrecha colaboración entre la Inquisición portuguesa y española en la persecusión de judíos emigrados a España. Así, una serie de familias portuguesas afincadas en Madrid, en la calle de las Infantas, empezaron a ser investigadas, interrogadas y encarceladas por la Inquisición a lo largo del año de 1630.

La acusación no era más que la de seguir la herética ley de Moisés, a la que algunos de los interrogados sucumbieron, pero el caso se complicó cuando Andresillo (hijo de uno de los conversos que había sido trasladado a Toledo para la investigación) testificó, contando con sólo seis años, que sus padres y otros vecinos maltrataron en más de cincuenta ocasiones a un Cristo «poniendo una soga y allí lo azotaban con unos espinos, y que luego lo metían en el fuego y lo volvían a sacar y lo azotaban y guardaban en un cofre, y que a su casa acudían muchos portugueses y portuguesas». 3

El escándalo no se hizo esperar. El pueblo, las autoridades, y los responsables de la divulgación religiosa hicieron de este caso una suerte de cruzada ideológica, sustentada por celebraciones, textos panfletarios y fábulas. Se convocaron unas fiestas de desagravio dentro de las octavas del auto de fe, por lo que durante ocho días el pueblo madrileño celebró públicamente con distintas formas de entretenimiento la condena de los judíos portugueses que habían lastimado a Cristo.

Un elemento clave en la difusión y acentuación del espíritu antijudío fue la poesía que circuló en torno a estas fiestas de desagravios. Participantes de estos certámenes fueron Lope de Vega y Quevedo, López de Zárate, el Príncipe de Esquilache, Jerónimo Cáncer, Antonio Solís, Luis de Ulloa y Gabriel Bocángel, entre otros 4 . Las primeras fiestas de desagravio se llevaron a cabo en junio de 1632 y fueron organizadas por el Convento de las Reales Descalzas; para el caso se publicó una relación impresa de la fiesta, con la convocatoria y las precisiones formales y temáticas que debían seguir los poetas, así como los premios a los que optaban los ganadores.

En la convocatoria se expresan ocho asuntos distintos, en cada uno de ellos se pide un poema (especificando el tipo de verso y el tema), y se detallan los premios. En el primero se pide, por ejemplo, un soneto en torno al motivo de los azotes que recibió Cristo por los judíos, y cómo con las espinas se hizo una corona por el sufrimiento que padece por el hombre. El resto de asuntos mantienen el mismo tono y motivos muy similares, y piden octavas, décimas, epigramas, enigmas y «quince versos con su remate ».

La Biblioteca Nacional alberga once poemas relacionados con este suceso 5 de los cuales tres, como decíamos arriba, son manuscritos. La mayoría podríamos atribuirlos a la justa de 1632 pero alguno está fechado en 1633 y podría provenir de otra justa que se llevó a cabo por la Cofradía de San Pedro Mártir en dicho año.

El tema es en todos los casos los agravios a Cristo cometidos por los judíos, que se podrían fragmentar en los azotes con las espinas del rosal y el incendio del crucifijo. Sin embargo, este tema se extiende con frecuencia al segundo martirio de Cristo a manos de los judíos, por lo que se asociará el tema principal (agravios a Cristo) a un motivo recurrente y generalizador. En este sentido, el sentimiento de indignación que impregna estos poemas será muy permisivo a la hora de establecer comparaciones y metáforas, atribuir cualidades y calificar.

Otra extension del tema principal consistiría en el trato dispensado al judío. Aparece siempre generalizado y, en la línea del motivo del segundo martirio, se le muestra como enemigo antes incluso de que ocurran los sucesos que vienen a comprobar su perfidia y traición. Dado que el tono de la mayoría de los poemas es de indignación y enaltecimiento de la religión y la monarquía, la calificación de los judíos responde a esto con adjetivos como pérfido, vil, herético, así como con símbolos y alusiones bíblicas. Por otro lado la caracterización de Jesucristo habitualmente va asociada a varios motivos o imágenes y naturalmente se maneja el lenguaje de lo divino. Se vuelven los poemas una ofrenda a Dios, la luz de la Iglesia, «el claro sol de la Iglesia nuevo eclipse padeció» 6 , y a veces se incluye una dedicatoria al rey Felipe IV, que estuvo activamente ligado al proceso y condena de estas familias de judíos herejes.

La calidad literaria en el caso de una justa poética de estas características está supeditada a los requerimientos formales y temáticos de la convocatoria, así que el tono satírico habitual de la poesía antijudía no se ve por ninguna parte en los poemas de este certamen, y difícilmente encontramos una aproximación al suceso distinta a los motivos de la herejía, el segundo martirio, y la traición del pueblo judío. Tampoco se ha encontrado el poema que Quevedo habría escrito con motivo de las celebraciones de las fiestas de desagravio, pero conservamos el de Lope 7 , que supera de alguna manera las limitaciones que impone la convocatoria. Los tres poemas manuscritos que se reproducen a continuación vienen a demostrar (o almenos, ayudan a comprender) cómo y con qué entusiasmo se defendió la religión, representada por un crucifijo de madera, ante una amenaza de un trasfondo político e idelógico.

 

En la fiesta que hacen los familiares del Santo Oficio de la Inquisición el día de la Cruz de mayo; a los desagravios de Cristo Señor Nuestro, cuando en la calle de las Infantas, los pérfidos judíos, quemaron su divina imagen
 
Romance 8
 
 
 
Mucho a su cruz Cristo adora
 
si amor se entiende por señas,
 
porque siempre a lo querido
 
quien ama mucho se llega.
 
Sea altar de su holocausto
 
o ya su tálamo sea
 
víctima y amante a un tiempo
 
le vemos clavado en ella.
 
En sus brazos le recibe
 
la cruz, aunque a duras penas,
 
y si bien el peso es dulce
 
no le huelga la madera.
 
Pendiente en ella, la vida
 
rinde a la muerte funesta,
 
bien dirá: tanto te quiero
 
cruz mía, cómo me cuestas.
 
En ella el ingrato hebreo
 
segunda vez le atormenta,
 
que como le vio clavado
 
no receló la defensa.
 
Al fuego el sagrado bulto
 
ciego y deslumbrado entrega
 
que él no buscara otra llama
 
si a Cristo el pecho le viera.
 
No fue hazaña tan a oscuras
 
ya excusa de su conciencia,
 
que el judío estaba en brasas
 
si Cristo estaba en la hoguera.
 
Muy helada tuvo el alma,
 
en su judáica protervia,
 
pues que pudo calentarse
 
cuando un Dios era la leña.
 
Lejos está de la lumbre
 
el pérfido que la ceba,
 
que no está al amor del fuego
 
si al de Cristo no se quema.
 
No consume el fuego a Cristo
 
que en la fama se reserva
 
pues su más eterna pira
 
es la fe que le celebra.
 
Toquen, repiquen, a fuego
 
luego
 
que se quema del alma la casa
 
porque se abrasa de Cristo el pecho.
 
Toquen, repiquen, a fuego, luego.
 
Al intento de cuando los Judíos azotaron con unas varas de un rosal, la imagen de Cristo Señor Nuestro.
 
 
 
Romance 9
 
 
 
Oigan señores,
 
escuchen y noten,
 
de estos obsequios, los altos primores,
 
pues nunca del Santo Oficio
 
son los oficios mayores,
 
que cuando de Cristo celebran el nombre.
 
Tan dulcemente se empeña
 
en padecer por los hombres
 
Cristo Jesús que en su imagen
 
se repiten los dolores.
 
De pertinaces hebreos
 
permitiendo los rigores
 
consciente, amante sufrido,
 
que segunda vez le azoten.
 
De las varas de un rosal
 
duros manojos componen,
 
¡Quién vio nacer un agravio
 
del origen de las flores!
 
Saltó la sangre, y las varas
 
renovaron sus verdores
 
que le sirvieron de rosas
 
carmesíes los azotes.
 
Quedó el cuerpo hecho jardín
 
pues eran cuadros conformes
 
las flores y las heridas
 
aunque dadas con desorden.
 
Si ya no es que al atreverse
 
los látigos a un Dios hombre,
 
a las rosas de vergüenza
 
les saliesen los colores.
 
Nuevas fuentes de rubíes
 
en su alabastro disponen,
 
o ya bien le llames mármol,
 
porque sufre como bronce.
 
De su desnudez vestido
 
aún más de gala se pone,
 
porque los azotes nuevos
 
le han añadido los golpes.
 
Presillas son las roturas
 
que hilos de corrales corren,
 
y pues dio la sangre rosas
 
no habían de faltar botones.
 
Suplicio que adivinaba
 
en incautas presunciones,
 
otros botones de fuego
 
a delitos tan atroces.
 
Mas vos, dulce Jesús mío,
 
por más que el agravio os toque,
 
premios hacéis de la pena,
 
glorias de la culpa enorme.
 
Por recompensa de agravios
 
la fe os rinde adoraciones,
 
que haciendo ilustre el castigo
 
hizo las injurias nobles.
 
Del mismo [Luis de Ulloa]
 
cuando en Madrid unos judios azotaron un Cristo con unas espinas
 
 
 
Soneto 10
 
 
 
Si ya tus sienes coronó divinas
 
cosecha estéril de sembrados males
 
que fruto son de afán de los mortales
 
desde el primer delito, las espinas.
 
Segunda vez Señor, con las ruinas
 
de aquella ofensa coronado sales,
 
que de rebelde ingratitud te vales
 
para los triunfos que al amor destinas.
 
Y de tu providencia deslumbrado
 
para el ultraje que el infiel ordena
 
ciega elección de las espinas hace
 
Porque ni en el martirio figurado
 
te falte la lisonja de la pena
 
del instrumento que de culpas nace.