Nuevo testimonio de las “Cap. matrimoniales” de Quevedo

Es siempre una buena noticia encontrar un nuevo testimonio de una obra de Francisco de Quevedo aunque, como se expondrá inmediatamente, el manuscrito que ahora editamos no es un testimonio tan «nuevo» ni mucho menos desconocido, sino más bien oculto. Conviene comenzar, por esto, diciendo que este nuevo testimonio no añade absolutamente –o casi- nada nuevo, desde un punto de vista textual, a la magnífica edición de las Obras completas en prosa de Quevedo que ha llevado a cabo el equipo de la Universidad de Santiago de Compostela bajo la dirección de Alfonso Rey1 , concretamente, como indica el título de este trabajo, a una de las obritas burlescas, las Capitulaciones matrimoniales, impecablemente editadas por Antonio Azaustre2 .

La historia de este testimonio, no por conocida, deja de merecer ser contada. En 1936, tras la muerte del gran hispanista Foulché-Delbosc, su magnífica biblioteca fue subastada en París. A partir de ese momento, gran parte de sus ricos fondos se perdieron, sin que se tuviera la menor sospecha de dónde habían ido a parar sus más de mil doscientos códices. En 1996, A. L.-F. Askins y Harvey Sharrer, buscando manuscritos para las bases de datos de Philobiblion, visitan la nueva sede de la Biblioteca Nacional de la República Argentina y, consultando el catálogo de la Sala del Tesoro, comprueban que muchas fichas incluían las iniciales FD en la signatura. Con la sagacidad propia de su magisterio relacionan esas dos siglas con el gran hispanista francés y, lo que es más importante, con sus ricos fondos considerados hasta entonces perdidos. Francisco Marcos Marín, al que sigo en el resumen de esta historia, da una primera noticia de dicho hallazgo en un seminario sobre Computers, Literature and Philology celebrado en Roma (1999) y Alicante (2000), cuyas actas, empero, no vieron la luz hasta 20033 . Antes de dicha fecha, sin embargo, el citado estudioso había publicado un trabajo en el que, además de reiterar los datos sobre el descubrimiento de tan rico fondo, daba cuenta de seis manuscritos con obras de Quevedo o atribuídas a él pertenecientes a dicho fondo. El que aquí nos interesa lleva el número seis y reza lo siguiente:

6. Varios Discvrsos Jocosos. Que en verso y prosa dexò escritos D(o)n Fran(cis)co de     Quevedo Villegas; Cavallero de el Horden de Santiago; y señor dela Torre de Juan      Abàd: y què no se permitieron à al estampa. Por ocultos fines. Se copiaron en Madrid,      en octubre de 1765. N.º Católogo Subasta: 1578 BN Argentina: FD 148(R 759) Contiene las siguientes partes: Advertencia del copista. (fol. 1r y v); La Perinola (fol.        2r-41r); Al Doctor Montalvan, a quien/silvaron vna Comedia, en/que librò las esperanzas/de su fama:/Pèsame (fol. 42r-43v); Carta, intitulada el Siglo/de el Cuerno:             escrivela vn Amigo/à otro; para quitarle el horror/de oficio tan honrrado. (fol 44r-            47v); Consuela à vn su Amigo: por/haverle desterrado la Justicia, su Da-/ma; Vieja, y   Pedigueña (fol 44r-45v); A Vn su Amigo, que dexò el/estudio de Leyes, y se hizo      Gentilhom-/bre de vn Señor mui pobre. (fol. 46r-46v); A Vn Bonetero. Disua-/diendole          de Vna Boda/indecente. (fol 47r-47v); A La Rectora del Colegio/De Las Doncellas (fol. 48r-48v); Memorial que Diò D(o)n Fran(cis)co/de Quevedo, en vna    Academia/pidiendo vna Plaza; è indulgen-/cias que le mandaron escribir,/(interin que             vacaba cargo mayor)/concedidas alos deuotos delas/Monjas. (Fol 49r-51v); Pintando       la vida de un Señor/mal ocupado:/Soneto (Fol 52r); A D(o)n Luis de Góngora:/Soneto. (Fol 52v); A la sugeccion tirana,/en que todos los Humanos             somos/Comprehendidos:/Soneto (Fol 53r): A Diferentes Estados/de Personas:/Letra          Sàtirica. (Fol 53v-54v); Con las obras impresas; en una/Letra que dice: Las cuerdas de mi instrumento:/no se permitiò que entrase/Lo Siguiente. (Fol 55r-55v);           Capitulaciones Matrimoniales,/de Vn Pretendiente de/Marido. (Fol 56r-63v);             Romances Jocosos (Fol 64r-72v); Noticias Particulares,/De la Vida y Muerte, de    D(o)n Ro-/drigo Calderon, Marques/de Siete Iglesias. (Fol 73v-99v)4 .

Como es fácil imaginar por el título de este trabajo, me interesa sobre todo el testimonio que de las Capitulaciones matrimoniales se reproduce en los f. 56r-63v5 . Se trata de una copia con numerosas intervenciones del copista –como ocurre con otros muchos testimonios de esta obra- en la que el amanuense añade, suprime, interpola pasajes de otras obras de Quevedo, etc., lo que hace imposible su filiación, como ocurre, por lo demás, con la mayoría de manuscritos que reproducen la obrita, como demuestra palmariamente la edición de Azaustre6 .

Por todo ello creo que, además de su valor como un nuevo manuscrito de la obrita –por más que no muy significativo-, el texto que ahora editamos puede servir como un ejemplo más de cómo era leído Quevedo en la segunda mitad del siglo xviii pues, a mi modesto entender, las innovaciones del copista, además de intentar remedar en cierto sentido el estilo quevedesco, tratan de adaptar a la cronología de la copia un mensaje áureo. Lo deja muy claro el copista en el texto que inaugura el cartapacio:

Advertencia

Las razones políticas que pudieron ser causa a retirar de las prensas estas y otras muchas producciones del ingenio inimitable de Don Francisco de Quevedo, que por razones de Estado o por tratar asumptos algunos de los reales gavinetes no era justo que se corriesen las cortinas para que al público se hizieran patentes sus misterios, no han podido embarazar que las hayan copiado diferentes curiosos para perpetuarlas a la posteridad, como bienes apreciables del buen gusto.

De un libro –y bastantemente difuso- que por fortuna llegó a mis manos, pude trascribir los «discursos festivos» del presente cuaderno, porque no se me permitió más tiempo retener el manuscripto. En ellos es tan abundante lo salado y tiene el es[1v][tilo] tal gracia, que en cada período le rebosa el chiste. Feliz entendimiento aquél que aun en la chanza halló el méthodo de instruir y entre las sátiras vio de correcciones, que se las pudiera abrazar con menos riesgo lo facundo de la oratoria, acaso no inspiraría lo elocuente, lo que lo chistoso, pues como Oracio dice, siempre es el ánimo de los poetas el aprovechamiento, a bueltas de la diversión:

Aut prodesse uolunt, aut delectare poet[a]e,

aut simul et iucunda et idonea dicere uitae7 .

Esto, sin duda, intentó Don Francisco, como quien con tanto acierto se supo ceñir a otro axioma, del mismo Oracio:

Omne tulit punctum qui miscuit utile dulci8 .

Vale9 .

He optado por acompañar la transcripción del manuscrito con un aparato de notas que aclare algunos sentidos difíciles o equívocos en aquellos casos –pocos- en los que el término o el contexto no aparece, a mi ver, suficientemente comentado en la edición de Azaustre. Para el resto de los casos, remito al lector interesado a las doctas notas del editor moderno.

Al final del texto, aparece un «aparato de variantes» en el que el texto base responde a la edición canónica de Azaustre, mientras que las variantes son de este testimonio. He intentando, sin lograrlo, establecer alguna filiación pero, como ya he dicho, parece tarea difícil y, por lo demás, de tampoco mucha utilidad ecdótica.

Capitulaciones Matrimoniales, de un pretendiente de Marido.

Juan de las Viñas10 , residente en Corte11 , estéril de cuerpo, seguro en Italia12 ; valdado13 de bienes; de buena ley con sus señores, mal pagado de ellos; censurón de figuras, escriptor de flores; condenado a perpetua dieta y a vestir vayeta; malquisto con las Damas por dar menos14 ; amigo de fregonas15 ; aborrecedor de faldellines y galas por caras16 ; enemigo de dueñas vírgenes y vírgenes dueñas17 , de frailes casamenteros y de visitas de beatas terceras, de mercaderes, de hermitaños hypócritas, de calvos, de zurdos18 , de vizcos, de lindos19 , de sastres20 ,

de doncellas cecinas21 , de necios, de porfiados, de viejas afeitadas, de herreros por vecinos, de velleras22 , de lisongeros, de taverneros, de mozas, de estudiantes azulados23 , de clérigos valientes, de ministros estafadores, de entremetidos, [56v] de maridos mugeres y de mugeres maridos24 , de sacristanes de conventos25 , de demandaderos de monjas26 , de mugeres en estrados sin tener estado, de venteros, de niños viejos y de viejos niños27 , de damas visitantes y de madres disimulantes, dice28 :

Que por quanto está propuesto para marido y por su parte no se ha dado memorial, le ha parecido presentarle, juntamente con la declaración que haze de su inclinación y circunstancias, para que la novia en ningún tiempo se pueda llamar engaño, ni pedir divorcio, aunque tenga vicario pariente29 , ni él le pedirá, como todo se cumpla según las condiciones que se siguen30 .

Primeramente, la dote prometida ha de ser en dineros de contado31 , y no en trastos ni en muebles que hayan de tasar sastres, caldereros ni tallistas, como que no se le han de dar viñas, heredades ni raízes, porque es Hombre movible en qualquiera ocasión.

Ítem. Pone por condición, que si la tal novia no viniere con la sanidad [57r] integra que requiere la boda32 , la pueda bolver y quedar libre, tasándose por un canónigo y persona de ciencia y experiencia, el daño y menoscabo, y lo que determine, se le ha de añadir a la cantidad prometida en dote.

Ítem. Que no esté obligado a meter en su casa al Antecesor, por quanto la tal paga se le ha de hacer por la razón dicha, y no con cargo ni gravamen para lo sucesibo, porque se le ha de entregar la dicha nobia libre de censo perpetuo o al quitar33  y sin tributo alguno, ni sucesor a vínculo o mayorazgo34 .

Ítem. Que si la dicha nobia saliere con alguna tacha o defecto, a más de los arriba expresados, se haya de ver por calificadores de la suprema maridería, y si fueren tan graves e insufribles que no se pueda adelante pasar con ellos, asimismo la pueda bolver y repudiar. Y porque no es justo, pudiéndolo excusar, resolverse a una acción que causaría escándalo, le ha parecido exponer los que tiene por defectos de gravedad más o menos, según sus circunstancias, [57v] como se pueden ver en lo que sigue:

Defectos insufribles

Lo primero, que no traiga consigo padre, madre, hermanos ni parientes, pues su intento ni es ni ha sido casarse con tantos, sino con sólo su muger35 .

Que no sea tan fea que espante, ni tan flaca que mortifique36 , ni tan gorda que empalague la vista y la imaginación.

Que traiga sus miembros cabales y sin artificio, porque tiene por mejor acercarse a una boca sin dientes que mirar los de un asno o rocín muerto, y verla sin narices proprias que caérsele las agenas a la primer carcajada que se la ofreciere; una mano morena, que una sobrecarta de Sevilla37 ; unas cejas rucias38, que no negras a fuerza de betún, y unas pantorrillas sisadas que encontrarse con un patrón de calcetero39 .

Ítem. Que no sea enferma de mal de corazón, natural ni hechizo, ni le dé con la desmayadura a cada […] y que si lo finge no pase de media hora, porque ay hombre que entiende la flor40 y llama luego la parroquia41 , y así lo hará el capitulante[58r].

Ítem. Que no sea de las que no paran en su casa un instante, ni sean sus visitas con orario.

Ítem. Que no tenga correspondencia con frailes42 .

Que no sea tan boba que no tenga uso de razón, ni tan bachillera43 que en todo meta su cucharada, queriendo governar la casa y el marido.

Que no sea tan vana ni tan presumida que desestime en público a su esposo.

Que no tenga tan mala condición que no la pueda sufrir un hombre flemático y de pachorra conocida.

Ítem. Se ha de abstener de que entren en casa todos44 estos lindos, que como figuras artificiales usan bálsamo y aguas de olor45 para guedejas, vigote y copetes46 , siendo su conversación damas, trages y cavallos, degenerando de la pleve, blasonando de poesía, a quien no satisface menos talento que el de Lope de Vega o don Luis de Góngora, por lo que han oído decir y no porque ellos entiendan ni poco, ni mucho, ni nada47 .

Ni más ni menos ha de dar de manos a los que a todo lo superior llaman [58v] bonito; a lo bueno, razonable; pésimo a lo que nada los contenta, sin dar la causa de lo que discurren48 , ni otras razones que porque sí, porque no, y hablan de todas las cosas y de ninguna entienden.

Que huya cien leguas de otros majaderos que tocados de la valentía arman mil pendencias con el yesero, porque el borrico se arrimó a sus próximos y los ensució la capa; con el aguador, porque los tropezó el amo o el rocín; gentes que sólo tratan con aspereza a los miserables e infelices y, que si ay quien se las mulla49 , suelen traer espada a la gineta y la daga a la brida, porque se tiran50  con quien los pueda romper los cascos, que era lo más justo que se deviera hazer, según sus méritos.

Que se haya de separar para siempre de los cochite herbites51 que se van a enamorar a la Comedia porque les es salsa52 pecar con escándalo, acreditándose de monas, porque todos son gestos y cocadieras53 , dando [59r] qué decir al Mundo, qué hazer al Diablo y qué sentir a la Carne54 .

Que se abstenga igualmente de otros tales o de estos mismos que concurren a las Iglesias, los jubileos, a hazer terrero55 , galanteando -sin respeto al templo de Dios- lo primero que sale, llamándolo vizarría y gala de hombre de formas, siendo en realidad locura y abominación.

Que no ha de hazer ni aún la cortesía, aunque se la tenga por nacida en las malbas56 , a los que con caballito prestado le hazen proprio, enamorando de portante por calles y plazas, pareciendo rocines en día de mercado, que para comprarlos o no se les da un paseíto en que se descubren por albeitares57 prácticos si sus cascos son buenos, aunque en estos tales no se pueden hallar[59v]58 .

Que haga la Cruz59 como pudiera al malo, a los que respirando marquesados, siendo unos pobres hechacuerbos, comen anís y acitrón, por oler a lo grande y juran «a fe de quien soi», «a fe de hombre de bien», «a ley de cavallero». Y que a la gente humilde tratan de impersonal, como «¿Qué zapatos me trae? ¿Cosió él este vestido? ¡Vaya con Dios, seo Pedro!» , dando astío con modos tan groseros a quien los ve, a quien los oie y aun a los ciegos y a los sordos, que sacan por el tufo una alimaña de estos, como los lobos los perros de caza.

Ítem. Que por cuanto ninguna cosa le escandaliza y ofende como pensar que ay muger con aliento de letrina60 , pone por condición que, si la Nobia fuese de las tales, estas tales Capitulaciones [60r] no lleguen a sus manos, ni se trate más de que el matrimonio llegue a efecto, protestando desde aora querellarse de los casamenteros61  por la pretensión de hecharle a la hediondez del carnero, antes de su muerte natural. Y pide y suplica, a quien deve y puede remediarlo, mande con apremio rigurossíssimo que a todos los pestilentes de respiración, que les huele peor la boca que a ventana al Cierzo en el mes de Diciembre62 , se pongan en un Hospital o lugar apartado del Comercio de los Hombres63 , como se practica con los apestados, aunque para tal suerte de contagio aun no suelen servir diez quarentenas.

Y no teniendo la dicha [60v] Nobia los dichos defectos insufribles, permitirá y tendrá por bien hacer la vista gorda y oídos de mercader64  en tolerarla sin el menor cargo, ni al principio, ni al medio, ni por siempre jamás los siguientes.

Defectillos

Se le permite que, siendo de diez y seis años abajo, llore por su madre, aunque indecente cosa para una casada65 ; y aunque sea juez cruelísimo una suegra66 , no se le hará cargo de que la dé quexas de su Marido.

Siendo de dicha edad, podrá traer a casa Maestro que la enseñe a leer, como no sea barbado67 , porque es cosa muy civil68  oír un zamarro que dice «Be, ba» y se puede persuadir un christiano, a que es otra cosa siendo hombre; como oveja, cabra o carnero69 [61r].

Se le concede que se ponga a la ventana, balcón, reja, buardilla o lo que huviere y que hable y responda, no siendo con mugeres que venden prendas, amoladores de tigeras70 , ni tunantes, porque es la peor gente que come pan.

Podrá escrivir, si sabe, aunque para nada es bueno que las mugeres casadas se correspondan con otros que con sus maridos71 .

No se la impedirá que tenga sus visitas, a lo menos una vez en la semana, como haya de ser el trato con llaneza, sin haver merienda, ni cosa que lo valga, ni sea en sábado, día de limpieza para la casa y ropa72 .

Tendrá salvoconducto para comer barro, yeso, sal, ceniza y chismes a este modo, que sería disparate cuidar de la salud de quien busca su muerte[61v].

No se la negará que beba vino, con que no tenga jarro oculto, práctica mui común en las melindrosas, que lo consumen en secreto, y bomitan de sólo olerlo en público73 .

Podrá hazer gestos74 delante del marido como lo haya tenido por costumbre, pero si por información authéntica constare que es vicio reciente, se la reformará la gestería.

Permítesela que coma de todo, apetezca fiestas, galas y inbenciones, como todo no pase del deseo o lo sustente con su aguja y su rueca.

No se le prohibe que tenga miedo a los difuntos y se meta debajo de la cama, quando pase por la casa algún entierro, como no75 finja apariciones y traiga al retortero la vecindad.

Podrá igualmente asustarse de truenos y alborotar el varrio, encender cirios y candelicas y [62r] si la tempestad dura, no quererse acostar asta que la diere la gana.

Ítem. Se la concede que a su tiempo pida ferias76 a sus padres, que los gibe77 las Pasquas por el aguinaldo, que los moleste los días de su santo por las cuelgas78 , como de estas cargas concejiles79 dexe libre al Marido.

Ítem. Podrá ir a Sermones y que sea inquilina de Iglesias, deteniéndose con sus amigas, como no mormure de su Marido, porque es iniqua correspondencia que esté el bobo esperándola para comer, y motexándole ella de impotente y defectuosso.

Ítem. Se le permite que hable recio y grite y riña, no estando el Marido en casa, porque ya se sabe que, quando reside en el gallinero el gallo más gallina, sólo él entona los compases del quiquiriquí[62v].

Ítem, si lo que Dios no permita, las enfermedades e indisposiciones del Marido le prohivieren darla conversación y se quexase de su soledad, podrá nombrar un theniente80 , como no sea soldado, escudero, ni estudiante81 , pero pueden sostituir a estos unas figuras lindas que ay, de poco valor, como son los pages que sirven a señores, que de día enamoran, de noche se espulgan; comen poco si no los dan plato; usan de camisas por sólo ceremonias y rabian por fregatrizes, que vienen a ser resacas de los lacayos.

Y declara el otorgante con juramento en caso preciso que es sano como una manzana, entero y cabal en todo y por todo, que no conoze a Mercurio, sino en los reportorios, ni ha usado de braguero, de parche de galvano ni las demás chucherías que afeminan los Hombres de razón[63]82 .

Asimismo declara que no ha dado palabra de casamiento, ni ha havido quién se la pida, a excepción de una viuda83 , la qual, vistas las Capitulaciones aquí referidas, al oír la prohibición de correspondencia con frailes, alzó el grito, diciendo: «¡Quítenme allá nobio tan maxadero, que ignora quanto le es útil a la paz de el estado el amparo de tan santos varones! ¡Bien distintamente lo entendió el que pudre, que quando los dos reñíamos –que era a cada hora- llamava al Padre Procurador para que reprehendiese mi mal genio, y a solas me decía tantas cosas buenas que nos dexava como ángeles a mi Pedro y a mí!84

Con esta conformidad y no en otra, tiene por bien –atento a lo suso declarado- que haya efecto el matrimonio, y pide a la Nobia venga en él, y a los casamenteros requiere sea oculta la boda, porque [63v] un nobio en público es como un novillo en la plaza85 , que todas se le atreven por Marido notorio y viene a ser el estafermo donde rompen las lanzas de sus lenguas satíricos y maldicientes86 , no ay vieja barbuda que en tono de alabarla no saque las faltas a la esposa diciendo las que tuvo antes de ser casada.

Y asi lo digo y otorgo en Madrid, centro de sufridores, verdugo de escrivientes y sepulcro de pretendientes87 .

VARIANTES

1                      Capitulaciones Matrimoniales] Add. de un pretendiente de Marido.

2                      Juan] Add. de las Viñas

hombre de males] Om.

3                      con] Add. Sus

censurador] censurón

4                      y] Add. a

porque no da] por dar menos

5                      y enemigo de] aborrecedor de faldellines y

6                      y vírgenes] y de vírgenes

6-7                   de beatas, terceras, de ermitaños y de toda gente apocritada] y de visitas de

beatas terceras, de mercaderes, de hermitaños hypócritas, de calvos, de zurdos,

de vizcos, de lindos, de sastres

8                      cecinas] Add. de necios, de porfiados

8-9                   vecinos] Add. de velleras, de lisongeros, de taverneros, de mozas,

10                    tomajones] estafadores

de valientes en cuadrilla] Om.

de sufridores sin provecho] Om.

11                    y procuradores] Om.

de conventos] Add. de demandaderos de monjas

12                    de viejos niños y de niños viejos] de niños viejos y de viejos niños

12-13               de señoras visitadoras y de madres disimuladoras] de damas visitantes y de

madres disimulantes

14                    de las que tiene] Om.

15                    enviarle] presentarle

15-16               juntamente con la inclinación que va declarada tiene] juntamente con la

declaración que haze de su inclinación y circunstancias

16                    para que en ningún tiempo la novia] para que la novia en ningún tiempo

llamar] a Om.

17                    compadre] pariente

17-18               cumpliéndose con las condiciones y capitulaciones siguientes] como todo se

cumpla según las condiciones que se siguen

19                    pone por condición que] Om.

Haya] ha

19-21               y alhajas tasadas con hechuras de sastres, y mucho menos en casas ni

heredades, porque es hombre movible] ni en muebles que hayan de tasar

sastres caldereros ni tallistas, como que no se le han de dar viñas, heredades ni

raízes, porque es Hombre movible en cualquiera ocasión.

22                    recibida a prueba, saliere traída] no viniere con la sanidad integra que requiere la

boda

23                    o se haya de apreciar] tasándose

o por otra] y

24                    en razón de virginidad] Om.

éstos tasaren se le haya de dar y] determine, se le ha de

en contante] Om.

26                    recibir] meter

y restitución] Om.

27                    se] le Add.

carga] cargo

adelante] sucesivo

28                    carga ni] perpetuo o al quitar y sin

28-29               sucesión a estado ni mayorazgo] sucesor a vínculo o

30                    dicha] nobia Add.

31                    y personas entendidas en el arte maridón] de la suprema maridería

32                    pasara adelante con ellos] adelante pasar con ellos

si quisiere] Om.

33                    venir a lo dicho] Om.

pudiendo excusarlo] pudiéndolo excusar

resolverse a una acción que causaría escándalo] Add.

34                    especificar] exponer

34-35               insufribles, no poniendo por tal la falta de virginidad, si fuere bien pagada,

mayormente que a un hombre de treinta años arriba antes se le hace equidad y

conveniencia] de gravedad más o menos, según sus circunstancias, como se

pueden ver en lo que sigue:

38                    no es casarse con ellos, sino sólo con la novia; y así se ha de entender, y no

más] ni es ni ha sido casarse con tantos, sino con sólo su muger.

39                    ni tan hermosa que acerque] Om.

40                    empalague] la vista y la imaginación Add.

41                    naturalmente] Om.

hallarse con] acercarse a

42                    que besar los de un borrico o rocín recién] que mirar los de un asno o rocín

más quiere ver una mujer] verla

43                    se le caigan en la primera ocasión de placer] caérsele las agenas a la primer

carcajada que se la ofreciere

y apetece más una cara sin sainetes que no los lunares de tinta, con que tal vez

saldrá   esclavo entrando libre; y mas] Om.

unas manos morenas] una mano morena

43-44               que una sobrevaina de sebillo] que una sobre carta de Sevilla

44                    y unas cejas blancas] unas cejas rucias

que negras] que no negras

betunes] betún

44-45               y más quiere una pantorrilla menos que topar] y unas pantorrillas sisadas que

encontrarse

46                    artificial y] hechizo ni

47                    desmayada] desmayadura

y mortecina] a cada

y si lo hiciere que] y que si lo finge

un cuarto de] media

48                    luego luego] luego

49                    Ítem. Que no sea enferma de sangre lluvia, que es torpeza salir un hombre

almagrado a fuer de oveja o carnero] Om.

Ítem. Que no sea amiga de salir ni visitar, ni tenga correspondencia con frailes]

Ítem. Que no sea de las que no paran en su casa un instante, ni sean sus visitas

con orario.

Ítem. Que no tenga correspondencia con frailes.

52-53               necia e ignorante que no tenga uso de razón, ni tan bachillera que quiera

gobernar su marido y mandarle] boba que no tenga uso de razón, ni tan

bachillera que en todo meta su cucharada, queriendo governar la casa y el

marido.

54                    vana] ni tan presumida Add.

y vitupere a su marido y le pierda en público el respeto] en público a su esposo.

55                    esperar] sufrir

55-56               gordo y flemático] flemático y de pachorra conocida.

57-89               Ítem. Se ha de abstener de que entren en casa […] como los lobos los perros de

caza. [Este fragmento, con enormes variantes, pertenece a la Vida de la Corte]

90                    Y] Que

ofende] tanto Add.

puede haber] ay

91                    de estas hediondas] las tales

que sus] estas tales

92                    ni se tengan por dichas ni aquí escritas] Om.

92-93               ni menos se trate más del efecto del matrimonio] ni se trate más de que el

matrimonio llegue a efecto

93                    protestando] desde aora Add.

por haber intentado echarle] por la pretensión de hecharle

93-94               vivo en un hediondo carnero] a la hediondez del carnero // antes de su muerte

natural Add.

94                    lo pueda y deba] deve y puede

95                    remediar] remediarlo

95-98               mande que la gente contaminada de esta contagiosa enfermedad se ponga en un

hospital o lugar separado del comercio, como se ha hecho siempre con los

apestados] con apremio rigurossíssimo que a todos los pestilentes de

respiración, que les huele peor la boca que a ventana al Cierzo en el mes de

Diciembre, se pongan en un    Hospital o lugar apartado del Comercio de los

Hombres, como se practica con los apestados, aunque para tal suerte de

contagio aun no suelen servir diez quarentenas.

99                    o alguno de ellos] insufribles

permite y tiene] permitirá y tendrá

100-101           pasar por los defectillos que aquí irán infra insertos y expresados] hacer la vista

gorda y oídos de mercader en tolerarla sin el menor cargo, ni al principio, ni al

medio, ni por siempre jamás los siguientes

103                  Lo primero] Om.

catorce años] diez y seis

si bien es] aunque

104                  para] una Add.

104-105           y que la dé quejas de su marido, aunque es cruel juez una suegra] y aunque sea

juez cruelísimo una suegra, no se le hará cargo de que la dé quexas de su

Marido.

106                  Que siendo] Siendo

traiga] podrá traer

107                  civil cosa] cosa muy civil

ver a] oír

diciendo] que dice

Ba, be] Be, ba // y se puede persuadir un christiano, a que es otra cosa siendo

hombre; como oveja, cabra o carnero Add.

109                  Ítem] Om.

permite] concede

109-111           y sea tentada de hablar y responder, como no sea con lindos y poetas, que son

publicadores de deshonras] balcón, reja, buardilla o lo que huviere y que hable

y responda, no siendo con mugeres que venden prendas, amoladores de tigeras,

ni tunantes, porque es la peor gente que come pan.

112                  Ítem. Se le permite que escriba] Podrá escrivir, si sabe,

112-113           tengan correspondencia las mujeres casadas] las mugeres casadas se

correspondan  con otros que con sus maridos.

114-116           Que visite una vez en la semana, como no sea sábado, día de limpieza] No se la

impedirá que tenga sus visitas, a lo menos una vez en la semana, como haya de

ser el trato con llaneza, sin haver merienda, ni cosa que lo valga, ni sea en

sábado, día de limpieza para la casa y ropa.

117                  Se le permitirá también que coma barro, yeso y otras cosas dañosas] Tendrá

salvo conducto para comer barro, yeso, sal, ceniza y chismes a este modo

118                  se desea la] busca su

119-120           Ítem. Se le permitirá que beba vino, con que no tenga vaso reservado, cosa

muy usada entre las melindrosas y embusteras, que hacen como  que vomitan

de sólo olerlo cuando delante hay personas de cumplimiento] No se la negará

que beba vino, con que no tenga jarro oculto, práctica mui común en las

melindrosas, que lo consumen en secreto, y bomitan de sólo olerlo en público.

121                  Que haga] Podrá hacer

también se le disimulará] Om.,

121-122           costumbre] pero si por información authéntica constare que es vicio reciente, se

la reformará la gestería Add.

123                  Ítem. Se le permite que se afeite y barnice, con tal que no sea de calidad que su

marido la desconozca por la mañana] Om.

invenciones] de trajes y usos nuevos Om.

123-124           todo] no pase del deseo o Add.

124                  de] con

aguja] y su rueca Add.

125-131           No se le prohibe que tenga miedo a los difuntos […] como de estas cargas

concejiles dexe libre al Marido. Add.

132-134           Que vaya a sermones y frecuente las novenas y haga juntas en las iglesias con

sus amigas; pero que no mormure de su marido, que es inicua cosa que esté el

paciente esperándola para comer, y ella motejándole de defectuoso e

impotente] podrá ir a Sermones y que sea inquilina de Iglesias, deteniéndose

con sus amigas, como no mormure de su Marido, porque es iniqua

correspondencia que esté el bobo esperándola para comer, y motexándole

ella de impotente y defectuosso.

135- 137          Ítem. Se le permite que hable recio y grite y riña, no estando el Marido en

casa, porque ya se sabe que, quando reside en el gallinero el gallo más gallina,

sólo él entona los compases del quiquiriquí. Add.

139                  hicieren incapaz del ejercicio del matrimonio, se le concede a la novia pueda]

prohivieren darla conversación y se quexase de su soledad, podrá

139-140           con tal que no sea estudiante ni soldado ni poeta ni músico] como no sea

soldado, escudero, ni estudiante // porque los tales no sólo no son de provecho,

sino que se hacen polillas de un sufrido. Om.

140-143           figuras lindas que ay […]  que vienen a ser resacas de los lacayos. [Este

fragmento, pertenece a la Vida de la Corte]

144                  declara] el otorgante Add.

juramento] en caso preciso Add.

sano] como una manzana Add.

145-147           y entero de sus miembros, y que no ha tomado sudores ni unciones, ni ha usado

de bragueros, hilas ni de otros pertrechos asquerosos] entero y cabal en todo y

por todo, que no conoze a Mercurio, sino en los reportorios, ni ha usado de

braguero, de parche de galvano ni las demás chucherías que afeminan los

Hombres de razón.

148                  Y] Om.

tiene] ha

149                  menos] Om.

excepto] a excepción de

habiendo pasado por todas las condiciones] vistas las Capitulaciones

luego que llegó a] al oír

150                  de] la Add.

quedó atónita y dijo] alzó el grito, diciendo

151-152           ignorante, que no sabe lo que importa a la conservación del estado marital el

amparo de los benditos religiosos] maxadero, que ignora quanto le es útil a la

paz de el estado el amparo de tan santos varones!

152-154           Cuán diferente lo entendió mi malogrado que, en riñendo los dos, llamaba al

padre   procurador que nos pusiese en paz y a solas reprehendiese mi mala

condición; y él lo hacía con tanta gracia que me dejaba contenta y pagada de

haberme casado con tan prudente marido] Bien distintamente lo entendió el

que pudre, que quando los dos reñíamos –que era a cada hora- llamava al

Padre Procurador para que reprehendiese mi mal genio, y a solas me decía

tantas cosas buenas que nos dexava como ángeles a mi Pedro y a mí

155                  Ítem] Om.

En] Con

conformidad] y no en otra Add.

bien] atento a lo suso declarado que Add.

156                  y suplica] Om.

157                  toro en el coso] novillo en la plaza

157-158           y un casado notorio es]  que todas se le atreven por Marido notorio y viene a

ser

158                  en que] donde

lanzas] de sus lenguas Add.

159                  los maldicientes y satíricos] satíricos y maldicientes

159-160           fuera de que se pierde mucho con las demás mujeres que le envían con la suya,

cuando por no verla se querría ir a la cárcel] no ay vieja barbuda que en tono de

alabarla no saque las faltas a la esposa diciendo las que tuvo antes de ser

casada.

161                  dijo] digo

sirvientes] escrivientes

  1. Vid. A. Rey (dir.), Francisco de Quevedo, Obras completas en prosa, Madrid: Castalia, 2007, 4 vols.  []
  2. Vid. A. Azaustre Galiana (ed.), Capitulaciones matrimoniales, en Francisco de Quevedo, Obras completas en prosa, ed. cit., vol. II, tomo I, pp. 179-208 (el texto) y tomo II, pp. 782-802 (Aparato crítico), en adelante: Azaustre, ed. cit. []
  3. Vid. «La conservación del patrimonio bibliográfico iberoamericano. El archivo digital de manuscritos y textos españoles, Admyte, y la colección Foulché-Delbosc de la Biblioteca Nacional de la República Argentina», en Informatica umanistica dalla ricerca all’insegnamento, ed. D. Fiormonte, Roma, Bulzoni, 2003, pp. 155-164; consultable también en ibid. [en línea]. Dirección: https://rowdyspace.utsa.edu/users/qkk563/public/FMMGraficos/Escritos/articulo/03InfUmPatrBibIA.pdf [Consulta: 8 de mayo de 2011]  []
  4. Francisco Marcos Marín, «La recuperación de la colección Foulché-Delbosc de la Biblioteca Nacional Argentina y una referencia a manuscritos de Quevedo», en E. Artaza et al. (ed.), Estudios de Filología y Retórica en Homenaje a Luisa López Grigera, Bilbao: Universidad de Deusto, 2000, pp. 311-322; en particular pp. 321-322. []
  5. Agradezco enormemente la amabilidad de todo el personal de la «Sala del Tesoro» de la Biblioteca Nacional de Argentina, y particularmente a la Dra. Mariana Monteagudo Tejedor. []
  6. Vid. Azaustre, ed. cit., p. 186. []
  7. Se trata de la conocidísima cita de Horacio en su Epistola a los pisones, vv. 333-334; vid. Aníbal González (ed.), Aristótoles y Horacio (aut.), Artes poéticas, Madrid: Taurus, 1987, p. 157 (texto latino) y p. 140 (traducción). []
  8. Horacio, op. cit., v. 343 []
  9. Aunque en la ficha catalográfica, como hemos visto, figura como título «Advertencias del copista», en el original aparece sólo «Advertencia». Son los f. 1r-v. En cuanto a los criterios de edición he optado por las siguientes modernizaciones: ph > f; q- > c; y semivocal > i; de el > del; u semiconsonántica > v; v semivocálica > u; nasal + -rr- > nasal+ -r-; consonantes dobles > consonantes simples; ch > c. Sin embargo, he conservado las siguientes alternancias: z- / c-; h / Ø; -z- / -ç-; ch- / s-; b/v; j/x; j/g; ss / s. Acentuación y puntuación según las normas actuales. Desarrollo las abreviaturas. []
  10. Juan de las Viñas: para el nombre véase Azaustre, ed. cit., p. 197, n. 20. El apellido, que no aparece en Quevedo, bien pudiera ser una alusión irónica a su afición al vino. []
  11. Corte: Esta Corte, como se indica al final de la obra, es Madrid. Este dato, por si faltaran otros, serviría para fechar la obra como anterior a 1601, fecha en que la corte se translada a Valladolid. []
  12. esteril de cuerpo, seguro en Italia: a la sagacidad crítica que demuestra la anotación de Azaustre (ed. cit., p. 197, n. 21) añadiría que la esterilidad que confiesa el protagonista, además de sexual, puede referirse también a su incapacidad para el trabajo. Con respecto a la alusión a Italia la frase bien pudiera significar que, dado que Juan no es homosexual, nada tiene que temer -puede estar seguro- en Italia. Para el papel de Italia en la obras de Quevedo, véase E. Juárez, Italia en la vida y obra de Quevedo, New York-Bern-Frankfurt am Main-Paris: Peter Lang, 1990. Para la opinión que en España se tenía de Italia y de sus habitantes consúltese Herrero García, Ideas de los españoles del Siglo xvii, Madrid: Gredos, 1966, pp. 321-384, en especial, para lo que tratamos aquí, las pp. 349-352, «El afeminamiento italiano».

    []

  13. Valdado: la lectura que transcribimos aparece sobrescrita. Originalmente parece decirse «vallado». []
  14. malquisto con las damas por dar menos: además del juego de palabras, ya conocido, entre damas = dar más (vid. M. Chevalier, Quevedo y su tiempo: la agudeza verbal, Barcelona: Crítica, 1992, p. 53), apuntar lo que dice Bárbara en la Segunda parte del entremés de Bárbara: «Los hombres están obligados a dar a las mujeres. Hartacho.- ¿Y ante qué escribano pasa esa obligación? Bárbara: Ante uno que llaman ser honrado»; vid. José Manuel Blecua (ed.), Francisco de Quevedo (aut.), Obra poética, , Madrid: Castalia, 1969-1971, 4 vols., (en adelante, OP), en particular I, p. 31. También los romances «Quejas del abuso de dar a las mujeres»: «Los médicos con que miras» y el titulado «Significa su amor a una dama y procura introducir la doctrina del no dar a las mujeres»: «Yo, con mis once de oveja»; ibidem, II, 706 y 710. Véase también lo que expone sobre las mujeres pedigüeñas en la Premática del Tiempo, ed. cit., pp. 216-219. Por lo demás, señalar que en la época en que escribe Quevedo este tipo de juegos de palabras constituían un ornamento imprescindible para los escritores cultos; vid. L. Schwartz «El juego de palabras en la prosa satírica de Quevedo», Anuario de Letras, XI (1973), pp. 149-175 y M. Chevalier, «Unas reflexiones sobre el equívoco», en Philologica hispaniensia in honorem Manuel Alvar, Madrid: Gredos, 1986, 3 vols., en particular, III, pp. 101-112 para una concepción más general del fenómeno. Sobre el fenómeno social de las damas pedigüeñas véase Delito y Piñuela, La mujer, la casa y la moda, Madrid: Espasa Calpe, 19663, pp. 21-31. []
  15. amigo de fregonas: las fregonas, si nos fiamos de lo que Quevedo expone en la Premática que se ha de guardar para las dádivas a las mujeres de cualquier estado o tamaño que sean, vid. ed. cit., pp. 304-305, son de los más bajos tipos de prostitutas, y por lo tanto sus clientes o amigos tan poco debían ser de gran alcurnia. []
  16. Por galas debemos entender cualquier vestido rico y costoso que las mujeres utilizaban en una ocasión especial. Dentro de estas galas estaría el faldellín que las mujeres llevaban debajo de las faldas. Ambos términos en Diccionario de Autoridades (Madrid: Gredos, 1990, 3 vols., en adelante Aut.) y J. Terrón González, Léxico de cosméticos y afeites en el Siglo de Oro, Cáceres: Universidad de Extremadura, 1990.

    []

  17. dueñas vírgenes y vírgenes dueñas: el juego de palabras, basado en la antítesis de los términos, se fundamenta en la significación de dueña como mujer no virgen, según lo define Aut. Para la sátira contra las dueñas en la literatura española consúltese R. del Arco, «La dueña en la literatura española, Revista de Literatura, III (1953), pp. 293-344 y para su tratamiento en Quevedo véanse A. Mas, La caricature de la femme, du mariage et de l’amour dans l’oeuvre de Quevedo, París: Ed. Hispano-Americanas, 1957, pp. 63-69; Nolting-Hauff , Visión, sátira y agudeza en los «Sueños» de Quevedo, Madrid: Gredos, 1974, pp. 148-153; I. Arellano, Poesía satírico burlesca de Quevedo, Pamplona: Eunsa, 1984, 55-56 y, del mismo estudioso, su edición de Los sueños, (Madrid: Cátedra, 1991) p. 203, nota 166, donde Quevedo hace un feroz ataque de estos personajes. []
  18. de calvos, de zurdos: ya Correas recoge el refrán «Zurdos, y calvos, y rubios, no habían de estar en el mundo», explicando que «El rubio por bermejo, el calvo y zurdo por contrahechos». Un feroz ataque contra calvos y zurdos en Quevedo lo encontramos también en el Entremés de los enfados, vid. OP, ed. cit., p. 124 y 127, respectivamente. También en el romance «¿Estamos entre cristianos?»: «No se hiciera con un calvo / lo que conmigo se ha hecho, / ni con un zurdo, que sirve / a todos de mal agüero»; vid. OP, II, nº 725, vv. 12-16. La sátira contra los calvos se plasma en multitud de poemas, como «Pelo fue aquí, en donde calavero» o «Catalina, una vez que mi mollera» y, por supuesto, en el romance «Varios linajes de calvas»: «Madres, las que tenéis hijas»; vid. OP, II, n1 527-528 y 703. Contra los zurdos, «gente que no puede hacer cosa a derechas» (Sueño del infierno, ed. cit., p. 213) hay un ataque feroz y englobalizador de sus faltas en la obra que acabamos de citar, concretamente en las pp. 213-214. Vid. E. Asensio Itinerario del entremés, Madrid: Gredos, 19712, pp. 240-242; M. Gendreau-Massaloux, «Le gaucher selon Quevedo: un homme à l’envers», en VV. AA., L’image du monde renversé et ses réprésentations littéraires, Paris: Vrin, 1979, pp. 73-81 y Arellano, ed., Los sueños, p. 189, nota 97 para otros contextos en Quevedo y textos afines.

    []

  19. Lindo: el hombre afeminado, presumido de hermoso y que cuida demasiado su compostura y aseo, Aut.

    []

  20. sastres: sobre la proverbial mala fama de los sastres en la época, consúltese Torner (1966), nº 177, quien cita otros textos de Quevedo sobre este particular. También Nolting-Hauff, op. cit., pp. 93-118; M. Chevalier, Tipos cómicos y folklore (Siglos xvi y xvii), Madrid: Edi-6, 1982, pp. 113-118 y Arellano, ed., Los Sueños, p. 102, nota 45. Añádase lo que se expone en el Libro de todas las cosas: «Para que no te hurten los sastres [...] No hagas de vestir con ellos, y no hay otro remedio»; vid. ed. cit., pp.m 414-416, respectivamente []
  21. doncellas cecinas: No creo que se trate de una crítica a la falta de virginidad de muchas doncellas, constante en Quevedo (Véase, por ejemplo, lo que dice en Premática destos reinos: «Item, movidos a piedad de los ruegos de nuestros vasallos, damos licencia para que haya doncellas»; vid. ed. cit., p. 160), sino más bien a las jóvenes -doncellas- que ya no lo son tanto -cecina, que Aut. define como «metafóricamente se llama assí el que está seco, flaco y enxuto»-, esto es, a las viejas que se hacían pasar por jóvenes, otro de los lugares preferidos de la sátira quevedesca. Como prueba bastará lo que se nos dice en la Carta a la Rectora del Colegio de las Vírgenes, donde quiere dejar a su hermana doña Embuste en un convento para que «pueda conseguir la verdadera vocación que tiene de llevar (cuando de este mundo salga) su virginidad fiambre y en cecina»; ed. cit. p. 327, es decir, que se asocia la ancianidad de la doncella a la cecina. No coincido, por tanto, con la interpretación que del pasaje de la Carta hace S. G. Artal, «Las doncellas en el infierno: apariencia y realidad en la visión satírica del amor de Francisco de Quevedo», en La imagen del amor en la literatura española del Siglo de Oro, Buenos Aires: Pontificia Universidad Católica Argentina, 1986, pp. 39-44, p. 42. []
  22. Vellera: Mujer que afeita o quita el vello a otras, Diccionario de la Lengua Española (en adelante DLE). []
  23. Estudiantes azulados: vid. Azaustre, ed. cit., p. 198, n. 29. Añadiría que quizás se haga referencia a aquellos estudiantes que llevan tanto tiempo siéndolo que el color de su traje, que la tradición marcaba como negro, ha pasado ya, por el continuo uso y antiguedad de los mismos, a azul, o a algún color parecido. Recuérdese el pasaje del Buscón (ed. cit., I, 3, p. 68), donde se nos dice que la sotana del dómine Cabra «desde cerca parecía negra, y desde lejos entreazul», sin duda por el desgaste de la misma. De acertar en mi suposición, Quevedo estaría criticando a los estudiantes que prolongan más allá de lo razonable tal estado académico.

    []

  24. de maridos mugeres y de mugeres maridos: véase sobre este particular los dos entremeses que Quevedo dedicaría al tema: Entremés famoso «El marión» y la Segunda parte del famoso entremés del Marión, donde critica duramente ambas figuras. Vid. OP, ed. cit., pp. 63-67 y 69-71, respectivamente. Apuntar también que este tipo de expresiones han servido a Ettinghausen [1999: 150] para señalar, sin duda acertadamente desde un punto de vista social, «el afeminamiento» como «un leit motiv que corre por este opúsculo». []
  25. El sacristán era ya un tipo cómico en los siglos xvi y xvii y motivo por ello de innumerables sátiras. Para otros contextos quevedianos véase Arellano, ed., Los Sueños, p. 128, nota 150. []
  26. Estos demandaderos de monjas seguramente sean los conocidos en la época como «galanes de monjas», figura que Quevedo satiriza en numerosas ocasiones; vid. J. Gómez,  «La tradición literaria del galán de monjas», Edad de Oro, IX (1990), pp. 81-91 y M. Rubio Árquez «La sátira contra las monjas en la literatura medieval española», en Actas del IV Congreso de la Asociación Hispánica de Literatura Medieval, Lisboa: Ediçoes Cosmos, 1993, 4 vols., III, pp. 343-346  y «Monjas y Pícaros», en Angélica, 4 (1993), pp. 71-82.; también los contextos quevedianos que da Arellano, ed., Los Sueños, p. 153, nota 96. []
  27. de niños viejos y de viejos niños: el motivo del niño-viejo y del viejo-niño es otro de los puntos cardinales de la sátira de Quevedo. Véase lo que expone Quevedo en la Premática del Tiempo, ed. cit., pp. 214-215. También, más extensamente, en El Mundo por de dentro: «¿No ves los viejos hipócritas de barbas, con las canas envainadas en tinta, querer en todo parecer muchachos? ¿No ves a los niños preciarse de dar consejos y presumir de cuerdos?»; ed. cit., p. 279. Por lo demás, la enumeración de elementos absolutamente contradictorios –«enemigo de dueñas vírgenes y vírgenes dueñas [...] de maridos mugeres y de mugeres maridos [...] de viejos niños y de niños viejos»- vendría a significar, como ha señalado Checa para los Sueños, un reflejo del «desorden moral contemporaneo»; vid. Checa, J., «Figuraciones de lo monstruoso: Quevedo y Gracián», La Perinola, II (1998), pp. 195-214, la cita en p. 196. En tal sentido, la antítesis sería no sólo un elemento retórico, sino también un componente más del discurso satírico, que arroja una inédita luz sobre la realidad que intenta describir.  []
  28. En estas líneas, si hacemos caso a la Carta de las calidades de un casamiento (en Prosa festiva completa, ed. C. C. García-Valdés, pp. 460-467; en adelante CCC), Quevedo, siguiendo la retórica del escrito, declara quién y cuál es (p. 462). Por otro lado, presenta un indiscutible parecido en el estilo, por recoger la misma función, que los inicios del Memorial a una academia o la Carta a la rectora del Colegio de las Vírgenes; vid. Quevedo, Prosa festiva completa, ed. cit., pp. 318 y ss y 326 y ss., respectivamente. En otro orden de cosas, apuntar que la feroz sátira de diversos oficios que Quevedo hace en este párrafo, una de las constantes de su sátira social, ha sido estudiada por F.-W. Müller, «Allegorie und Realismus in den Sueños von Quevedo», Archiv für das Studium der neueren Sprachen und Literaturen, CCII (1966), pp. 321-346,  traducción en G. Sobejano, ed.,  Francisco de Quevedo, Madrid, Taurus, 19842, pp. 218-241, en particular pp. 236-237 y Nolting-Hauff, op. cit., pp. 114-130. Por su parte, Arellano, op. cit., pp. 98-101, nos da numerosos contextos poéticos de dicha sátira. En cuanto al recurso retórico utilizado -la enumeración acumulativa- véase A. Azaustre Galiana, Paralelismo y sintaxis del estilo en la prosa de Quevedo, Santiago de Compostela, Universidad de Santiago de Compostela, 1996, p. 40.  []
  29. Vicario pariente: un vicario es un juez eclesiástico que ejerce la jurisdicción ordinaria. Por lo tanto, debería ser el que decidía en casos de divorcio. Pero, a su vez, también se hace alusión a la expresión que recoge Aut.: «Sacar por el vicario» y que significa «depositar con su autoridad, y de su orden alguna muger, para ponerla en libertad para el Matrimonio», por lo que el pariente no sólo se referiría al vicario que, por ser de su jurisdicción tuviera que solucionar el caso, sino también a que, dado el significado de la expresión lexicalizada, a aquel que la hubiera tenido bajo su poder, entendido este, de acuerdo con la sátira anticlerical quevedesca, como sexual.  []
  30. No hay en tal afirmación ni un ápice de honestidad. En verdad, se trata de prevenir los grandes inconvenientes que podía acarrear una promesa de matrimonio no cumplida. Véase lo que J. Deleito y Piñuela, La mala vida en la España de Felipe IV, Madrid, Alianza, 1987, pp. 29-31.  []
  31. Como es bien sabido, la sátira quevediana contra las mujeres se centra en la codicia de las mismas (vid. A. Berumen , «La sociedad española según Quevedo y las Cortes de Castilla», Ábside, 16 (1952), pp. 321-343, pp. 323 y ss; Mas, op. cit., p. 150 e I. Arellano, Poesía satírico burlesca de Quevedo, Pamplona: Eunsa, 1984, pp. 63-65), pero no faltan los contextos, como éste, en el que también se critica el mismo defecto en el hombre. La expone muy bien el autor en El sueño del Infierno: «Iban las mujeres al infierno tras el dinero de los hombres y los hombres tras ellas y su dinero…», vid. Los sueños, ed. I. Arellano, Madrid:Cátedra, 1991, p. 181. []
  32. sanidad integra que requiere la boda: parece irónico eufemismo para designar la supuesta falta de virginidad por parte de la novia. []
  33. Censo… al quitar: es el censo redimible, DLE. []
  34. Este parágrafo viene a clarificar el anterior, ya que si allí admitía la falta de virginidad en la mujer, aquí aclara que, pese a admitirla, no está sujeto a continuar con la situación. En la Pregmática de aranceles generales expone mejor el motivo del temor que expres aquí: «Los que casaren con mujer que saben ha gozado otro, ora sea por su hermosura o por su riqueza que tenga, los condenamos a que de ninguna cosa que vean en su casa puedan tener queja; a los cuales mandamos que cuando entraren en ella sean obligados a ir hablando recio para que haya lugar de ponerse cada uno en salvo»; vid. ed. cit., p. 175. En cuanto al mayorazgo, continuando en la misma línea, se hace alusión a que la futura novia pueda estar ya embarazada antes del matrimonio. Parecida alusión, con casi idénticos términos, aparece en el Sueño de la muerte: «Pues yo os prometo que si se averiguare esto de los padres, había de haber una confusión de daca mi mayorazgo y toma tu herencia. Hay en esto de las barrigas mucho qué decir, y como los hijos es una cosa que se hace a escuras y sin luz, no hay quien averigüe quién fue concebido a escote ni quién a medias…»; vid. ed. cit., p. 367. []
  35. Quizá la razón de esta prohibición se halle en lo que se nos dice Quevedo en el Entremés primero de Bárbara: «Es menester que con unos se haga vmd. mi hermano, con otros mi primo, con otros mi tutor, o mi curador, o que me solicita mis negocios», y todas estas figuras para encubrir el amante. Vid. OP, ed. cit., p. 20. También en el Entremés del marido pantasma se expresa algo parecido: «MUÑOZ: Yo estoy enmaridado; / mas la mujer que quiero / no ha de tener linajes ni parientes; / quiero mujer sin madres y sin tías, / sin amigas y espías, / sin viejas, sin vecinas, / sin visitas, sin coches y sin Prado, / y sin lugarteniente de casado; / que hay doncella que vende de su esposo / (a raíz de las propias bendiciones) / a pares las futuras sucesiones. MENDOZA: Mujer sin madre ¿dónde podrá hallarse? MUÑOZ: Ella es invención nueva. MENDOZA: Vusted perdió linda ocasión en Eva; / mas ya que no tenía / madre, suegra ni tía, / tuvo culebra». Vid. OP, ed. cit., p. 74 y también la largísima diatriba contra las madres que Quevedo coloca tras el párrafo citado. Más en concreto expresa esta aberración a las suegras en el romance «Dichas del casado primero; la mayor, sin suegra»: «Tuvistes mujer sin madre, / ¡grande suerte, y de invidiar!; / gozastes mundo sin viejas, / ni suegrecita inmortal»; Vid. OP, ed. cit., II, 699, vv. 25-28. Por otra parte, y aunque no creo que aquí tenga directa aplicación, recuérdese la acepción de padre, madre, etc. en el lenguaje prostibulario; vid. J. L. Alonso Hernández, «La sinonimia en el lenguaje marginal de los siglos xvi y xvii españoles. (Los sinónimos de «delator», «cornudo» y «ojo»)», Archivum, 22 (1972), pp. 305-350, pp. 323 y ss.  []
  36. tan fea…, ni tan flaca…: Se hace alusión a las efes de algunas mujeres: fea, flaca, fría, floja, etc. Vid. F. Rodríguez Marín, «Las efes de Francisca», en Burla burlando, Madrid, Revista de Archivos, 19142 e Iglesias Ovejero, «El estatuto del nombre proverbial en el Refranero antiguo», Revista de Filología Románica, IV (1986), pp. 11-50. []
  37. Sevilla: así en el original, pero debe ser error por «sebillo», «el sebo suave y delicado que usan para suavizar las manos», Aut []
  38. Rucias: «De color pardo claro, blanquecino o canoso», si bien se debe aplicar sólo a las bestias, DLE. []
  39. Este párrafo recoge el pensamiento de Quevedo sobre uno de los temas que más le gustaba tratar con su sátira: el que Arellano llama «la mujer artificial». De los muchos testimonios que sobre este tema se podrían alegar, apunto sólamente dos: el que aparece en el Sueño del infierno, ed. cit., pp. 215-216 y el de Lo más corriente de Madrid, ed. cit., p. 262: «Barrigas de algodón, como pantorrillas, nuevo modo de hidropesía». En efecto, en la época la estética imponía un cierto grosor en las pantorrillas, por lo que en algunos casos se abultaban mediante muchas medias o pantorilleras hechas de algodón. Véase Mas, op. cit., pp. 39-42 y Deleito Piñuela, op. cit., pp. 205 y 218. También recuérdese que la madre de Pablos, entre otros menesteres igualmente poco recomendables, «empreñaba piernas con pantorrillas postizas»; vid. Buscón, ed. cit., p. 57, con la erudita nota del editor. Para el uso retórico del paralelismo y la enumeración acumulativa que emplea Quevedo en este párrafo véase Azaustre Galiana, op. cit., p. 40. []
  40. desmayadura… la flor: Compárese con lo que dice Quevedo en el Entremés primero de Bárbara: «Y a éstos, cuando se fueron, les di a entender que quedaba preñada, que soy gran mujer de fingir vómitos, que me toman desmayos…». Vid. OP, ed. cit. p. 20. Por lo tanto, parece aludir a los embarazos fingidos, y de ahí lo de la flor. Pero también aparecen los desmayos y el mal de corazón en el Entremés de Diego Moreno, cuando éste al volver a su casa encuentra a su mujer con gran compañía y la criada la aconseja lo siguiente a su dueña: «Fíngete mortecina y con mal de corazón, de voces y saltos…». Vid. OP, ed. cit. p. 44. Aquí, como en el Entremés, donde el marido pide una vela encendida para «recuperar» a su mujer, el novio parece querer aplicar medidas drásticas. []
  41. Parroquia: es decir, que si se hace pasar por muerta o agonizante, él llamará al sacerdote correspondiente a la parroquia para que le administre la extremaunción. []
  42. Lo que pensaba Quevedo de los frailes se ve muy bien en las Cartas del Caballero de la Tenaza, que faltaron de imprimir: «Díceme vuesa merced que en su casa no entran hombres, y entran frailes. ¡Voto a Dios! que deseo saber quién le ha persuadido a vuesa merced que los frailes no son hombres; porque ellos no tendrán esa culpa, que persuadieran a que lo son a una serpiente. Querría que vuesa merced me dijera por qué género de animal los tiene o con qué otro nombre disfraza sus obras»; vid. ed. cit. p. 297 y otro contexto muy clarificador en p. 298, nº [28]. También lo que expone Castiglione, Cortesano, ed. cit., III, 2, pp. 243-244. Sobre la crítica quevedesca al clero en general consúltese Berumen, art. cit., pp. 326-327. []
  43. Bachillera: en la época, además de los sentidos usuales, se entendía por bachiller «el que habla mucho fuera de propósito y sin fundamento», Aut. Compárese con lo que expone Quevedo en CCC, p. 463: «Y si hubiese de ser entendida con resabios de catedrático, más la quiero necia; que es más fácil sufrir lo que uno no sabe que padecer lo que presume». En la Hora, el casamentero, al hablar de los dones de la novia, dice: «entendimiento, v.m. la ha de gobernar, y no la quiere para letrado»; vid. ed. cit., p. 173. Para el tipo social en la época consúltese Delito y Piñuela, op. cit., pp. 39-46. []
  44. Es sobrescrito. La lectura original es ilegible. []
  45. Bálsamo y aguas de olor: válsamo y olor: El bálsamo o bálsamo de romero se extraía de la planta del mismo nombre y servía, además de para aromatizar, para mantener fresca la piel del rostro y evitar su envejecimiento. En cuanto al agua de olor era el perfume de la época. Vid. Terrón González, op. cit. []
  46. Guedejas, vigote y copetes: Los tres términos pertenecen al léxico del pelo. Las guedejas era un cierto tipo de peinado del pelo «que cae de la cabeza a las sienes, de la parte de adelante». El copete era «cierta porción de pelo, que se levanta encima de la frente más alto que lo demás, de figura redonda o prolongada, que una veces es natural y otras postizo»; vid. Aut. y Terrón González, op. cit. []
  47. Lope de Vega o don Luis de Góngora: La alusión a Góngora hace pensar a García Valdés, ed. 1993, p. 233, nota 31, que el texto se redactó antes de la enemistad entre ambos escritores. Recuérdese, en cualquier caso, y como apunta A. Carreira que «Quevedo comienza a escribir cuando su rival lleva veinte años de producción, y de producción intensa [...] La mitad de la obra de Góngora estaba compuesta, y circulaba manuscrita o impresa, autónima o anónima, de mano en mano» (vid. A. Carreira, «Quevedo en la redoma: análisis de un fenómeno criptopoético», en Quevedo a nueva luz: escritura y política, Málaga: Universidad de Málaga, 1997, pp. 231-249, la cita en p. 233). A Lope de Vega lo vuelve a citar Quevedo como gran poeta y dramaturgo en el Buscón, II, 3, p. 123. Para las relaciones entre Quevedo y los dos autores citados véase E. Carilla, Quevedo (entre dos centenarios), Tucumán: Universidad Nacional, 1949 (pp. 53-54 para Lope y 55-61 para Góngora); para Lope, J. O. Crosby, Crosby, J. O., Guía bibliográfica para el estudio crítico de Quevedo, Londres: Grant and Cutler, 1976, pp. 104-110 y para Góngora, el trabajo anteriormente citado de A. Carreira. []
  48. causa: Se hace referencia al léxico filosófico que diferenciaba entre dos causas: la causa primera, «la que con independencia total de otra causa superior eficiente produce el efecto» y la causa segunda, «la que produce su efecto con dependencia de otra causa superior eficiente»; ambos términos en Aut. A partir de estos conceptos, podemos entender que dar la causa de algo, en este caso de sus valoraciones, equivaldría a admitir una causa superior a su propio criterio. En última instancia, como se ve, Quevedo acusa a estos petimetres de orgullosos.  []
  49. si ay quien se las mulla: dar a entender a alguien «que hay otro que le conoce sus ideas o intentos, y tiene habilidad para rechazarlos o resistirlos», DLE. []
  50. se tiran: se apartan, DLE. []
  51. cochite herbites: cochite hervite es el «Hombre que muestra en sus acciones sobrada viveza y aturdimiento», DLE. []
  52. salsa: «Cosa que mueve o excita el gusto», DLE. []
  53.  Cocadieras: no aparece en los repertorios consultados, pero parece factible pensar que proviene del verbo «cocar»: «Hacer cocos o gestos para causar miedo y espanto, como hace la mona para poner miedo a los muchachos porque no la hagan mal», Aut. []
  54. Mundo… Diablo… carne: son, como se sabe, los tres enemigos del alma para la religión cristiana. []
  55. Hazer terrero: «Galantear o enamorar a una dama desde la calle o campo delante de su casa», DLE. []
  56. Nacida en las malbas: «Haber tenido humilde nacimiento», DLE. []
  57. albeitares: veterinarios, DLE. []
  58. Está jugando con el doble sentido de la palabra «cascos», que puede servir para designar el lugar desde se pone la herradura a los caballos, pero también como sinónimo de cerebro. []
  59. haga la cruz: para darle a entender que «nos queremos librar o guardar de él», DLE []
  60. Aliento de letrina: Recuérdese lo que a este respecto pensaba Celestina: «no ay cosa que peor en la muger parezca». Vid. ed. Russell, p. 325. Quevedo, en las Premáticas contra las cotorreras, insistirá en este apartado; vid. ed. cit., p. 332. []
  61. Casamenteros: véase lo que expresa Quevedo en el Entremés del marido pantasma: «Este que está a mi oreja / es el casamentero, / que por darme mujer, pide dinero». Vid. OP, ed. cit., p. 77. Quevedo, en efecto, no tenía muy buena opinión de estos personajes, en justa consecuencia con su pensamiento sobre la mujer y el matrimonio, como acertadamente anota Arellano, ed. p. 334, nota 130. Por ello, los casamenteros siempre aparecen en contextos negativos: en el Sueño del infierno un condenado los describe como «la gente más maldita del mundo» y causantes de su condenación (vid. ed. cit., pp. 334-335); en la Hora se nos presentan como astutos engañadores que son castigados casándose con lo que vendían (ed. cit., pp. 173-174). Véase, por último, F. Deleito y Piñuela, La mala vida en la España de Felipe IV, Madrid, Alianza, 1987, p. 73. []
  62. ventana al Cierzo en el mes de Diciembre: «tener ventana al cierzo» significa demasiada vanidad (Aut.), pero no tiene sentido en este contexto, por lo que más bien se debe entender, a partir de la alusión al mes, que la halitosis es tan mala como el frío que entra por una ventana orientada al norte (cierzo) en el mes más frío del año. []
  63. Comercio de los Hombres: Es muy posible que Quevedo jugará aquí con dos de las acepciones del término. Uno es el usual y más conocido, y este caso estaría tachando su matrimonio de puro acto mercantil; otro, bajo el cual se solaparía la anterior ironía, sería el del término como «comunicación, trato, conocimiento y amistad de unos con otros [...] para todo lo conducente a la sociedad y mantenimiento», Aut. []
  64. oídos de mercader: lo mismo que «hacer oídos sordos», DLE. []
  65. Para los valores cómicos y folclóricos de la casada en la época consúltese M. Chevalier, Tipos cómicos y folklore, op. cit., pp. 52-85. []
  66. suegra: recuérdese el soneto «A un hombre casado y pobre»: «Diez años en su suegra estuvo preso, / a doncella, y sin sueldo, condenado»; vid. OP, II, 612, vv. 5-6. []
  67. Solía ser la barba característica de los maestros o ayos. En Gracias y desgracias del ojo del culo retrata Quevedo a otro maestro con parecidos términos: «Enseña un ayo barbonazo y mugriento… »; vid. ed. cit., p. 372. Con respecto a la educación femenina en la época véase Delito y Piñuela (1966)3, pp. 100-101. []
  68. Civil: «En su recto significado vale Sociable, urbano, cortés, político y de prendas proprias de Ciudadano; pero en este sentido no tiene uso: y solamente se dice del que es desestimable, mezquino y ruin, y de baxa condición y procederes», Aut., tal y como atestigüa su uso medieval y renacentista, vid. Mª R. Lida (1947). []
  69. Para otros juicios negativos de Quevedo sobre el sistema de educación véase Jauralde (1998), pp. 61-63. []
  70. amoladores de tigeras: «amolar» es lo mismo que afilar, DLE. []
  71. Podrá escribir… se correspondan: obsérvese el juego verbal entre «correspondencia» (escribirse) y «corresponderse» («Atenderse y amarse reciprocamente con afecto verdadero», Aut.). []
  72. Para la asentada costumbre femenina de visitar a amigos y parientes véase Delito y Piñuela, La mujer, la casa, op. cit., pp. 32-38. []
  73. Este apartado supondría el reconocimiento explícito de que la novia no es considerada una dama. Compárese con lo que expone Quevedo sobre este particular en las Premáticas y reformación deste año de 1620: «Que no sea tenida por dama, aunque se quiebre por la cintura, la que bebiere vino, si no fuere hipocrás, pues se sabe que es golosina y no costumbre»; vid. ed. cit., p. 348. []
  74. Hacer gestos: «Hacer movimientos ridículos, provocativos a risa, con el rostro, manos y cuerpo», Aut. []
  75. Corrección sobrescrita en el original que no permite ver la lectura original. []
  76. ferias: «Se llaman las dádivas o agasajos que se hacen por el tiempo que hay feria en algún lugar y se dice regularmente dar ferias, que es lo mismo que regalar con cosas compradas en la feria», Aut. []
  77. gibe: fastidiar, molestar, vejar, DLE. []
  78. cuelgas: regalo que se da a alguien en el día de su cumpleaños, DLE. []
  79. cargas concejiles: «El oficio servil y gravoso de que no está exento algún vecino, si no es hijodalgo o goza de algún privilegio», Aut. []
  80. Theniente: debe de estar refiriéndose a lo que en el Sueño de la muerte llama «meter oficiales» (teniente = oficial), aunque allí está utilizado, según nota de Arellano, como oficial = artesano. En cualquier caso, tanto allí como aquí se trata de uno que ayuda a hacer hijos; vid. ed. cit., p. 367. []
  81. soldado, escudero, ni estudiante: soldado: Pese a que aquí coloca a los soldados entre los suplentes no recomendables, en los «Riesgos del matrimonio en los ruines casados» expresa que «No tengas celos de hombres caminantes, / ni aun de soldados, gente arrebatada», OP, ed. cit., n1 639, vv. 301-302. Para la opinión de Quevedo sobre los soldados y los males que les achacaban véase Berumen, art. cit., pp. 336-338. El escudero, por su parte, era ya en esta época figura folclórica; vid. Chevalier, Quevedo y su tiempo, op. cit., pp. 143-144. Por último, también en los «Riesgos del matrimonio en los ruines casados» expresa su parecer a este respecto contra los estudiantes: «Sólo te has de guardar toda tu vida / del perverso estudiante, como roca / en su descomunal arremetida», dando a continuación la causa de esta precaución: «Éste, con furia descompuesta y loca, / por no quitarse nada, se arremanga / las (¡Dios nos libre!) faldas con la boca»; vid. OP, ed. cit., n1 639, vv. 307-312. Para otros datos sobre la concepción que en la época se daba a los estudiantes véase M. Chevalier, Tipos cómicos y folklore, op. cit., pp. 1-17. []
  82. Esta enumeración de las «virtudes» del novio está basada en la enumeración paralesística acumulativa, que refuerza los rasgos sátiricos del retratado y que es uno de los recursos preferidos por Quevedo para ejercer su sátira; vid. Azaustre Galiana, op. cit., pp. 39-40. []
  83. a excepción de una viuda: obsérvese la ironía de que precisamente sea una viuda la que le haya pedido palabra de casamiento, cuanto justamente ellas, de acuerdo con la moral reinante en aquel momento, debían guardar la memoria del marido. En efecto, Quevedo, haciéndose eco de una prolija literatura satírica a este respecto, no debía tener buen concepto de las mismas: véase lo que dice en una «Letra satírica a diversos estados»: «Hay viuda que, por sus pies, / suele hacer con bizarría / más cabalgadas un día / que los moros en un mes»; vid. OP, ed. cit., II, 672, vv. 11-14. Añádase también lo que apunta el mismo Quevedo en la Premática que se ha de guardar para las dádivas a las mujeres de cualquier estado o tamaño que sean, vid. ed. cit., p. 306. Por último, léase el esclarecedor pasaje de El mundo por de dentro en el que el Desengaño muestra la realidad del llanto de la viuda, ed. cit., pp. 292-293. Con respecto al debate entre casarse con una doncella o una viuda, aparece también en el Entremés del marido pantasma: «¿Eres doncella, o eres ya viüda?». Vid. OP, ed. cit., p. 80. Por lo demás, como demuestra, entre otros, M. Chevalier, Tipos cómicos y folklore, op. cit.,, pp. 86-95, la viuda era ya personaje folclórico en la época. []
  84. La intervención de la viuda tiene, en el tono, en el tema y en la intención, un asombroso parecido con otro parlamento de Justa, la viudad de Diego Moreno, en el entremés del mismo nombre: «Quando me pongo a considerar aquella bondad de mi marido, aquel echallo todo a buen fin, sin que hubiese rastro de maliçia en él [...] Quando me acuerdo de aquella consideraçión y cordura que tenía mi marido en todas las cosas…». Localizarlo en OP. []
  85. un nobio en público es como un novillo en la plaza: «Los hombres que se casan con las damas / son los que quieren… / [...] / que les hagan más plaza que aun al toro»; vid. «Riesgos del matrimonio en los ruines casados», OP, ed. cit., n1 639, vv. 124-131. Por otro lado, hay una clara alusión al conocido juego verbal entre novio/novillo, que aparece en otras composiciones de Quevedo y también de Góngora, y que M. Chevalier, («Cuentecillos y chistes tradicionales en la obra de Quevedo. Contribución a una historia del conceptismo», NRFH, XXV (1976), pp. 17-44, p. 30, nota 10), sospecha sea un chiste tradicional. []
  86. estafermo donde rompen las lanzas de sus lenguas satíricos y maldicientes: véase, por ejemplo, los «Riesgos del matrimonio en los ruines casados», OP, ed. cit., nº 639; también lo que se dice en El siglo del cuerno. Carta de un cornudo a otro, donde se compara al hombre que va a casarse con los ajusticiados; vid. ed. cit., p. 308. []
  87. El pretendiente era el individuo que estaba en la Corte solicitando o pretendiendo un pago a sus servicios, fueran estos cuales fueran.Véase, por citar sólo un ejemplo, el soldado pretendiente que se describe en el Buscón, II, 3, p. 124. Solían ser centro de las críticas de los escritores por la ingenuidad de sus pretensiones y por ser fácil pasto para la avaricia de los escribientes que les llevaban sus pleitos. Madrid era su sepulcro porque solían venir a la capital para reclamar y se morían en la ciudad antes de conseguir algún premio. En la Hora, ed. cit., pp. 221-225, Quevedo hace un magnífico cuadro de la actitud de estos personajes, que también tratará en otras obras suyas, como anotan los editores de la citada obra. Véase lo que expone Quevedo en Lo más corriente de Madrid: «Escribanos cuya pluma pinta según moja en la bolsa del pretendiente»; ed. cit., p. 263. Como apunta Jauralde Pou (19992), p. 36, Quevedo gusta de representar el mundo de las audiencias y sus esperar interminables, «como si en ellos hubiera querido representar el hieratismo de la Monarquía cortesana, o la inutilidad de la maquinaria administrativa, inaccesibles a quierenes no pertenecieran al círculo inmediato de nobles y servidores». []

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